Una preciosa escultura de un toro en plena acción da la bienvenida en la recepción del Grup Balañá. Un guiño sin duda a los orígenes del imperio familiar en el mundo del espectáculo que se remontan a principios del siglo XX con el mítico Pedro Balañá, quien destacó como exhibidor en cines y gestor de teatros, pero también por su éxito en el mundo taurino, llegando a gestionar la plaza de toros Monumental, una de las más importantes de España. Los cinéfilos más veteranos de Barcelona guardan en su memoria un recuerdo muy especial de las míticas salas Balañá como el Coliseum, Tívoli (ambos son hoy teatros), el Urgel, el Club Coliseum o el Palacio Balañá, que llegó a ser uno de los más modernos y grandes de Europa. Y mientras una nueva generación sigue disfrutando, vibrando y descubriendo la belleza del séptimo arte en sus modernos cines.
Actualmente, la familia Balañá gestiona bajo la marca Mooby Cinemas seis complejos fundamentales de Barcelona: Aribau Cinema, con una sola pantalla a la vieja usanza, Arenas, Bosque, Glòries, Gran Sarrià y Balmes, consagrado a la Versión Original. En una familia donde la transmisión generacional es fundamental, Elena acaba de coger las riendas de la exhibición cinematográfica asesorada muy de cerca por su padre Pedro. Antes de incorporarse a la empresa familiar de exhibición, Elena trabajó unos años en el sector bancario y como cocinera profesional, una experiencia que le permite tener claro que la «receta» para su nuevo reto es que «la vida y los negocios requieren paciencia y esfuerzo. Si consigues transmitir esa pasión por hacer las cosas bien a un tercero, el éxito llega».
La entrevista se produce en un momento de optimismo para la exhibición con un enero que ha sido el mejor desde 2019. Pero los Balañá no bajan la guardia porque la nueva normalidad es una “montaña rusa” no apta para cardíacos. El cuidado en cada detalle, la inspiración en las tendencias en Europa y Estados Unidos, una programación cada vez más dinámica, el fortalecimiento de la comunidad a través de cineclubs con debate o los coloquios con cineastas y actores son esos «ingredientes» cada vez más necesarios ante un espectador exigente. Su siguiente reto, después de abrir el primer multicine de Barcelona, Glòries, en 1995, llegará el primer cine premium urbano de Barcelona, el futuro Gran Sarrià Club Mooby. ¿Club de fidelización? No, gracias.
El primer cine del grupo abrió en 1943 en la emblemática Avenida de la Luz de Barcelona. Mirando hacia atrás, ¿cuáles han sido las principales etapas y desafíos en la larga historia de vuestro circuito, que ya supera los 80 años?
Es una historia de muchísima dedicación que empezó con mi tatarabuelo y lo relevante es el esfuerzo que vino después. A lo largo de las décadas, el grupo fue consolidándose en Barcelona adquiriendo salas que hoy son patrimonio emocional de la ciudad. Después de la Avenida de la Luz, el siguiente gran paso fue el actual Teatro Tívoli en los años 40. En los 50 llegó el Coliseum y, posteriormente, salas como el Novedades. Ya en los 60 entramos en la era de los cines más icónicos y representativos de nuestro sello, como el Aribau o el Urgell. Aquel era el modelo de explotación imperante en Europa y Estados Unidos: grandes salas urbanas de pantalla única y aforos masivos. La gran transformación llegó en 1995 con Glòries Multicines. Fue nuestro primer complejo multisalas en un centro comercial y marcó el inicio de la transición hacia los multicines modernos, aunque siempre hemos mantenido el orgullo de conservar una gran sala de formato clásico como es el Aribau.

El color azul es una de las marcas de Mooby
En 1965 inaugurasteis el Palacio Balañá, el cine más grande de Barcelona en su momento. La tecnología siempre ha sido vuestra aliada. Hoy, ¿en qué tecnología debe invertir prioritariamente el sector de la exhibición?
Cada exhibidor tiene su propia visión, pero nosotros tenemos clara la ruta. En su momento digitalizamos todas las salas; ya no operamos con proyectores de 35 mm ni tenemos activos los de 70 mm, aunque los guardamos con mucho cariño. Actualmente, estamos en pleno proceso de renovar los proyectores digitales que se instalaron en la primera hornada (2012-2013) por equipos láser de última generación. Además, estamos equipando nuestras salas con sonido Dolby Atmos. Son inversiones muy elevadas que requieren una financiación importante y que estamos ejecutando de forma ordenada. Sobre el Palacio Balañá, fue un local icónico por sus dimensiones. Para mi familia tenía un componente emocional muy fuerte: mi abuelo era de Sants y su gran sueño era crear un megacine para su barrio. Él puso el local, le dio su nombre con todo el orgullo y me consta que era un cine muy querido por los vecinos. Mi familia vivió allí mismo hasta que se derribó la finca original. Equiparlo con 70 mm era una necesidad de la época, porque había mucha película en ese formato y queríamos la máxima calidad.
Esos proyectores de 70 mm todavía se pueden ver en algunos de vuestros vestíbulos…
Los tenemos expuestos como piezas de museo en el Aribau, en el Balmes o en Glòries. Son máquinas chulísimas con un punto entrañable. Tenían un componente físico y artesanal que hoy se echa de menos. El proyeccionista tenía que montar la copia, repasarla, empalmarla bien… En todos los cines había mesas de montaje donde el operario repasaba la película con un cuidado exquisito.
En 1995 abristeis Glòries, el primer multicine de Barcelona. ¿Cómo conseguís que un complejo veterano esté siempre al día frente a la competencia?
Es una necesidad constante de renovación. Glòries fue el primer centro comercial de Barcelona y sigue muy bien posicionado. Nosotros lo gestionamos directamente desde entonces mediante un acuerdo de explotación del espacio. Para estar al día, nos gusta salir de España y observar qué tipo de cines funcionan en Londres o París. Buscamos ver qué conceptos nuevos aparecen para analizar si encajan con nuestro público. Hace poco estuvimos en Londres y esas visitas nos ayudan a que las novedades europeas entren en Mooby de forma más rápida. No se trata de hacer un “copia y pega”, porque lo que funciona en Londres no tiene por qué funcionar aquí, pero inspirarse en lo que otros hacen bien siempre es positivo.
¿De qué manera la Inteligencia Artificial ha entrado en vuestro trabajo como exhibidores? ¿Cuáles son sus ventajas reales?
De momento, la IA no tiene el protagonismo que ostenta en otros sectores donde casi ha sustituido a las personas. Donde yo veo más utilidad es en la programación. La IA, gracias a una base de datos gigantesca que un humano no puede procesar a la misma velocidad, podría ayudarnos a decidir qué película, en qué sesión y en qué cine concreto funcionará mejor. Podría aliviarnos una carga de trabajo muy importante ante el volumen de estrenos semanales que manejamos. Sin embargo, no creemos en una IA que funcione sola. Confiamos en nuestro equipo humano. Hay un componente de pasión y de selección emocional que la máquina no tiene. Se suele decir que “la IA no ha tenido infancia”, y es verdad. Nosotros sí hemos tenido infancia y experiencias que nos permiten entender la imperfección humana, algo vital para conectar con el espectador. La IA será una herramienta, nunca una sustitución.
Usted asumió la gestión de los cines tras años trabajando como cocinera. ¿Cómo prepara ahora la receta para hacer rentable este negocio?
En mis años de cocina, la lección más importante fue la importancia de la mise en place: tenerlo todo preparado para que el servicio salga bien. Ahora mismo estoy en esa etapa: aprendiendo, escuchando y conociendo a fondo el sector para que, cuando llegue el relevo generacional completo, tenga todos los ingredientes listos. El cine tiene muchos años y las únicas recetas que funcionan son las que tienen tiempo, cariño y mucho respeto. No puedes llegar y cambiarlo todo a tu gusto de un día para otro porque no funcionaría. Esas recetas de moda de “15 minutos para vagos” que se ven en redes sociales no sirven para la exhibición. La vida y los negocios requieren paciencia y esfuerzo. Si consigues transmitir esa pasión por hacer las cosas bien a un tercero, el éxito llega.

Pedro y Elena Balañá, simbolizan la continuidad familiar en cines cruciales de Barcelona
Actualmente gestionáis seis cines en Barcelona agrupados bajo la marca Mooby. ¿Por qué decidisteis cambiar el nombre en plena transformación post-pandemia?
El cambio se decidió porque antes operábamos como “Grup Balañá”, una marca que englobaba diversos negocios. Queríamos darle al cine el protagonismo exclusivo que merece con un nombre que se dedicara únicamente a él. Fue una idea y ejecución de mi padre. Mooby suena a movie (película), pero le pusimos la B como seña de identidad de nuestra familia y de nuestra ciudad. Fue una propuesta de una agencia colaboradora que nos gustó desde el primer minuto. Es una manera de ordenar el negocio y dejar claro que esto es cine.
Barcelona es tradicionalmente una ciudad cinéfila. ¿Esa cinefilia ha ayudado a resistir las crisis o se ha visto igualmente sacudida por las dificultades del sector?
Barcelona sigue respondiendo. El público de aquí agradece las películas que valen la pena y acude a las salas. Es cierto que nos han afectado las dificultades de los últimos años; todavía no hemos recuperado totalmente las cifras de 2019, aunque estamos cada vez más cerca. Por eso hacemos mejoras constantes para que la experiencia sea perfecta. Este enero de 2026, por ejemplo, ha sido espectacular. Prácticamente hemos doblado las cifras del año pasado. Si comparamos este enero con el de 2019 (el mejor año de la última década), solo estamos un 1 % por debajo en asistencia. Es una diferencia estadísticamente irrelevante. En 2019 tuvimos un año récord y este 2026 ha empezado con la misma fuerza, con títulos potentes en cartelera.
En 2013 transformasteis el Balmes en vuestra primera sala dedicada exclusivamente a la Versión Original (VOSE). ¿Qué perfil de espectador demanda este formato hoy?
La tendencia hacia la versión original es imparable. Los datos nos dicen que la gente lo pide cada vez más. En Barcelona tenemos una colonia de extranjeros muy importante, pero también un público joven muy cinéfilo que ya no quiere ver cine doblado. En el Balmes fuimos pioneros en ofrecer cine comercial (no solo de autor) en versión original: desde blockbusters hasta cine de animación. Funciona de maravilla y, de hecho, la mayoría de la competencia ha empezado a programar sesiones en VOSE porque es lo que el mercado demanda.
Organizáis muchas actividades extra: Mooby Icons, preestrenos, coloquios y hasta sesiones con DJ. ¿Es necesario dinamizar la programación para mantener al público enganchado?
Totalmente. La fórmula de “programar estrenos y esperar” ya no es suficiente. Por eso organizamos coloquios para que la gente hable con directores y actores, o las sesiones de clásicos que simulan un club de lectura pero aplicado al cine. Nuestra joya de la corona es Mooby Icons. Proyectamos clásicos que marcaron época en nuestras mejores salas. Atrae tanto a público sénior que quiere recordar la película en pantalla grande como a jóvenes que quieren vivir lo que vivieron sus padres. Además, lo convertimos en un evento social: hay un DJ pinchando dos horas antes, puedes tomarte algo con tus palomitas… Convertimos la visita al cine en una ocasión especial, no solo en ver una película que quizá ya has visto en alguna plataforma.
Tras un 2025 irregular, enero de 2026 ha sido excelente. ¿Es un cambio de ciclo o un caso aislado por el éxito de títulos como Avatar o La Asistenta?
El año pasado fue muy irregular, con meses buenos pero un balance general que no nos dejó del todo contentos. 2026 ha empezado muy bien, y aunque la lluvia nos ha ayudado (el mal tiempo siempre es aliado de los cines), la gente ha decidido elegirnos. La realidad es que estamos aprendiendo a convivir con la irregularidad. A veces esperamos que un estreno funcione y pasa desapercibido, y otras veces una película como La Asistenta se convierte en un fenómeno fan inesperado. El negocio se ha plantado en una singularidad donde pasamos de 0 a 100 muy rápido. Un mes estás un 30 % por encima del año anterior y te preguntas qué ha pasado. Hay que acostumbrarse a esta montaña rusa, aceptarla y, como buenos catalanes, “hacer caja” cuando funciona sin lanzar las campanas al vuelo, porque sabes que vendrán meses más complicados.
Ofrecéis promociones como “Vuelta al Cine” (6 € con antelación) y precios reducidos entre semana. ¿Estáis satisfechos? ¿Es mejor que los clubes de fidelización?
Estamos muy satisfechos porque hemos logrado que el martes y el miércoles sean grandes días de asistencia, sacando el flujo de gente solo del fin de semana. Generamos tráfico y autoridad. Sobre la fidelización, nunca hemos sido muy fans de los clubes que te “obligan” a ir para amortizar una cuota mensual. Preferimos que el cliente venga cuando realmente quiera y que tenga opciones de precio competitivo si se organiza. Al final, el público ya tiene demasiadas tarjetas y contraseñas en el móvil. Lo que quiere es que se lo pongas fácil: un código, un precio justo y una buena pantalla.
Vemos un mercado de taquilla muy polarizado, que sufre especialmente cuando faltan grandes títulos capaces de atraer al gran público. ¿Cómo trabajáis para mitigar el impacto en esos periodos de menor afluencia?
Trabajamos mucho la programación alternativa. Justamente cuando no hay grandes estrenos es cuando más nos estrujamos la cabeza para ofrecer otro tipo de contenidos. Hemos programado, por ejemplo, temporadas de ópera, que atraen a un público totalmente diferente, o ciclos como películas de Studio Ghibli, que reúnen a los mejores títulos de anime del mundo con su banda sonora original. La idea es ofrecer contenidos distintos para una gran variedad de públicos. No dirigirnos a un único perfil de espectador, sino que cada persona pueda encontrar aquello que más le gusta en nuestra programación.

Elena Balañá asume decidida el compromiso de crear una experiencia perfecta para el cinéfilo
¿Habéis intentado innovar también en los servicios de restauración, más allá de las clásicas palomitas, que siguen siendo imbatibles?
Todos los servicios de restauración de nuestro circuito se han ido renovando y modernizando. Empezamos en 2023 con el bar de Mooby Balmes y, más recientemente, hemos reformado completamente el bar del Arenas para lanzar una nueva línea llamada Premier Lounge. Es un concepto que no tiene nada que ver con lo que se ve habitualmente en los cines. Es una línea totalmente disruptiva, donde ofrecemos snacks de mucha calidad como taquitos de queso, mini-focaccias, bikinis o patatas premium. A nivel de bebidas, hemos ampliado mucho la oferta de vinos y cervezas. Todo está pensado para que la gente pueda consumirlo tranquilamente en un espacio cómodo o incluso llevarlo a la sala. La idea es que el público se acostumbre a disfrutar de estos productos mientras ve una película.
Entonces, ¿es un bar pensado para quedarse, no solo para comprar y entrar a la sala?
Exacto. No es el típico bar en el que haces cola, recoges y te vas. En Arenas tenemos la ventaja de contar con un espacio enorme, con asientos, donde la gente puede estar tranquilamente antes de entrar al cine, tomando algo y pasando un rato. Eso no es posible en todos los cines. Por ejemplo, en Bosque Multicines el vestíbulo es el que es, y aunque tenga nueve salas, no permite crear este tipo de espacios de estancia prolongada. Para este concepto necesitas espacio, y no siempre es fácil encontrarlo.
¿Cuáles son los próximos pasos del grupo? ¿Tenéis planes de compra o reforma de nuevos cines?
Ahora mismo hemos empezado la reforma de Gran Sarrià Multicines. Estamos muy contentos de anunciar que el primer cine premium urbano de Barcelona va a ser de nuestro circuito: el futuro Gran Sarrià Club Mooby. Será un cine donde primará la calidad sobre la cantidad. Vamos a elevar el confort a otro nivel, con salas en gradería, butacas reclinables y mayor espacio entre filas. Además, no solo cambiaremos las salas, sino también el vestíbulo y el bar, para que la experiencia sea aún más completa. Nuestra previsión es abrir a finales de mayo o principios de junio.
Si pudiera cambiar una sola cosa del sector de la exhibición cinematográfica con un chasquido de dedos, ¿cuál sería?
Probablemente la producción masiva de películas y contenidos. Hoy estamos obligados a programar un volumen enorme de estrenos, y eso impide que las películas tengan el tiempo que necesitan para madurar y encontrar a su público. Dentro de lo posible, intentamos mantener las películas que interesan al público. Si podemos aguantar un título, lo hacemos. Hay veces que uno quiere ir a ver una película y ya no está en cartel porque ha sido retirada para dejar espacio a otro estreno que, en ocasiones, ni siquiera funciona mejor. No creemos en ese modelo. No es sostenible. Preferimos apostar por películas que tienen recorrido.
Esta entrevista ha sido publicada en el número de Box Office de marzo 2026, que puedes descargar gratis o suscribirte para recibirlo.
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