La unión hace la fuerza: los productores independientes son el motor del cine español

La Academia de Cine ha acogido este jueves el encuentro ‘Los productores independientes como motor del cine español’, organizado por AECINE, que ha reunido a destacados productores para analizar la evolución del sector y sus principales desafíos. La necesidad de reforzar la financiación, revisar el sistema de ayudas y avanzar hacia una mayor unidad marcaron un debate en el que también se puso en cuestión el actual marco legislativo y el papel del productor independiente en la industria audiovisual actual.

La Academia de Cine ha acogido este jueves el encuentro ‘Los productores independientes como motor del cine español’, una jornada organizada por AECINE, que ha reunido a buena parte de las voces clave que han marcado la evolución del sector en los últimos años.

El acto ha servido como espacio de reflexión sobre la figura del productor independiente, con la participación de varios expresidentes de la asociación como Pedro Pérez, Gerardo Herrero, Eduardo Campoy, Gonzalo Salazar-Simpson y Pilar Benito, junto a la actual presidenta, María Luisa Gutiérrez, quien anunció que no se presentará a la reelección en las próximas elecciones, cerrando así su etapa al frente de AECINE.

Uno de los consensos más claros de la jornada fue que el cine español ha experimentado una mejora significativa en las últimas décadas. “Estamos mejor que estábamos”, apuntó Pedro Pérez, actualmente vicepresidente de Secuoya Content Group, quien recordó la importancia de los acuerdos históricos con las televisiones y subrayó el papel clave de los incentivos fiscales como “piedra angular” de la industria.

En la misma línea, Gerardo Herrero defendió que el crecimiento del sector se refleja tanto en la calidad técnica como en el talento artístico, aunque advirtió de una carencia estructural: “Hace falta más dinero para hacer películas más grandes”. Una idea que se repitió en distintas intervenciones, evidenciando la necesidad de reforzar el músculo financiero de la industria.

El encuentro también funcionó como un recorrido por la historia de las distintas asociaciones de productoras en el cine español. Eduardo Campoy recordó las dificultades vividas durante su presidencia (1999-2003), marcadas por tensiones con las cadenas de televisión, pero también por avances como el incremento del fondo de protección de la cinematografía hasta los 100 millones de euros de la época.

Por su parte, Gonzalo Salazar-Simpson puso el foco en la fragmentación histórica del sector y en los esfuerzos por unificarlo en una sola voz. La creación de una estructura común, germen de la actual AECINE, respondió a la necesidad de articular discursos coherentes frente a la administración. “Ahora mismo hace falta generar un discurso único”, insistió, al tiempo que llamó a desactivar la polarización ideológica que ha acompañado tradicionalmente al sector.

Esa idea de unidad fue retomada por María Luisa Gutiérrez, quien destacó los avances recientes en la coordinación entre asociaciones territoriales y la creación de plataformas conjuntas de reivindicación. Sin embargo, reconoció que el diálogo político sigue siendo complejo: “Es muy difícil lograr acuerdos”.

La intervención de Pilar Benito estuvo marcada por su experiencia al frente de la asociación durante la pandemia, un periodo que obligó a replantear las bases del sistema. La imposibilidad de estrenar en salas o rodar con normalidad llevó al sector a reclamar medidas excepcionales, como la flexibilización de plazos o el reconocimiento de estrenos en plataformas como válidos a efectos de ayudas.

Benito también incidió en los cambios estructurales derivados de la irrupción de las plataformas, que han alterado el equilibrio del modelo tradicional. “Ahí hemos ido perdiendo que el productor sea el motor de la industria”, señaló, alertando de que la propia definición de productor independiente “está en peligro en Europa”.

Otro de los grandes ejes del debate fue la necesidad de reformar el sistema de ayudas y actualizar el marco legislativo. La vigente propuesta de ley del cine genera un amplio consenso crítico entre los productores. “No nos convence a nadie”, afirmó María Luisa Gutiérrez, mientras que Pilar Benito la calificó directamente como “una ley que nace obsoleta”. Gerardo Herrero, por su parte, apuntó que es necesaria una modernización profunda.

Las discrepancias se extienden también al sistema de financiación. Campoy reconoció errores en el paso del modelo de amortización al sistema de puntos, mientras que varios ponentes coincidieron en la necesidad de reforzar la financiación anticipada y aumentar el fondo de protección de la cinematografía.

El debate final, en el que participó también Agustín Almodóvar, giró en torno a una cuestión clave: si la figura del productor independiente se está diluyendo en el nuevo ecosistema audiovisual.

Las respuestas apuntaron más a un problema de financiación y posicionamiento que de volumen. “No se produce demasiado, tiene que ver con la diversidad”, defendió Salazar-Simpson, refiriéndose a que en una industria equilibrada, el número de películas nacionales no debería ser un impedimento para que cada una encontrara su público. Herrero añadió otro factor crítico: la falta de inversión en marketing, que limita el recorrido comercial de muchas películas, añadiendo que “la mayoría se estrenan mal”.

Pese a las pequeñas diferencias, el encuentro dejó un punto de acuerdo claro: el reconocimiento del productor independiente como pieza central del cine español. Todas las asociaciones comparten la necesidad de redefinir el sistema de ayudas, reducir las desigualdades territoriales en incentivos y reforzar un modelo que permita sostener tanto la dimensión cultural como industrial del sector.

Como resumió María Luisa Gutiérrez, las discrepancias son más una cuestión de matices que de fondo. En lo esencial (la defensa del productor como garante de la independencia creativa y cultural), el sector permanece unido.

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