La fuerza del cine como pasión: Entrevista a María Zamora y Enrique Costa de Elastica Films

Socios y fundadores de Elastica, producción y distribución se dan de la mano. María Zamora, premio nacional de cinematografía, y enrique costa, productora y distribuidor, han consolidado en tan solo cuatro años a Elastica como un referente con grandes éxitos de producción propia como La virgen roja, la ganadora de la Concha de Oro O Corno o Romería, de Carla Simón, que llega este septiembre tras su paso por Cannes. Grandes títulos como Anatomía de una caída, La zona de interés o La sustancia, marcan su trayectoria como distribuidores. Y el futuro se presenta lleno de éxitos.
María Zamora y Enrique Costa. Foto: Lupe de la Vallina

Por Irene Crespo y Juan Sardà Frouchtmann

Tanto monta, monta tanto, se decía de Isabel y Fernando. Lo “reinos” de María Zamora, productora, y Enrique Costa, distribuidor, no son tan grandes como la Corona de Castilla y Aragón en el siglo XV pero la compañía independiente suma éxitos en tiempo récord y son ya un referente del sector. Como distribuidores Elastica Films ha estado detrás de hitos fundamentales del cine de más calidad que llega a las salas. Entre sus triunfos, dos Palmas de Oro consecutivas como El triángulo de la tristeza (1,12 millones en 2022) y Anatomía de una caída (2,5 millones en 2023), el Oso de Oro en Berlín para Alcarràs (2,36 millones), de Carla Simón, o éxitos rotundos del cine independiente como La sustancia (3,6 millones el año pasado), Emilia Pérez (1,84 millones, 2024), La zona de interés (1,3 millones, 2023) o La peor persona del mundo (900.000, 2021).

Más allá de los éxitos y los números, la pasión por el cine es la verdadera guía de Elastica y su lema es “apostar por las películas que nos gustan como espectadores”. Porque se trata de producir y distribuir películas que destaquen por sus valores artísticos y culturales pero también de crear una marca potente para que el aficionado al cine tenga claro que su sello es sinónimo de calidad, originalidad y riesgo. Como productora, María Zamora fue reconocida el año pasado con el Premio Nacional de Cinematografía, y en mayo todo el equipo de Elastica paseaba por la alfombra roja de Cannes para presentar Romería, la nueva película de Carla Simón en clave autobiográfica, que brilló en la Sección oficial.

¿Qué balance hacéis de estos cuatro años de actividad en el mundo de la producción y la distribución y cuál es el secreto de vuestro modelo de negocio?
ENRIQUE COSTA — Nuestro balance es súper positivo. Desde 2021 hasta 2025, cada año ha sido mejor que el anterior, y eso en una industria como la nuestra no es habitual. Además, arrancamos justo después del COVID, con mucha gente cercana que nos advertía del riesgo. Pero el deseo de hacer algo personal y cien por cien nuestro nos dio energía. Veníamos con más de 20 años de experiencia, y eso nos permitió avanzar más rápido que una empresa que parte desde cero. El secreto no es tal, pero sí una combinación de know-how, intuición y haber sembrado durante muchos años.

¿Cómo ha empezado el año para Elastica Films y cómo prevéis cerrar 2025?

MARÍA ZAMORA — El año empezó con estrenos de películas de Cannes o Venecia 2024 como Emilia Pérez, Septiembre dice o Queer que llegaron a finales del año pasado y principios de este. Fue un arranque bonito pero exigente, porque 2024 fue un año redondo. Sin embargo, lo que viene es aún más ilusionante. En septiembre estrenamos Romería, nuestra tercera colaboración con Carla Simón, que estuvo en la Sección Oficial de Cannes. También llegan Valor sentimental de Joachim Trier y Nouvelle Vague de Richard Linklater. Y una joya: Extraño Río, del director catalán Jaume Claret. Es, sin exagerar, la opera prima más bonita del año.

La propia palabra “Elastica” evoca flexibilidad. ¿Qué significa hoy mantener una mentalidad flexible para moverse con éxito en nuestro mercado cinematográfico?

MARÍA ZAMORA — Elegimos “Elastica” por eso mismo. Arrancamos tras la pandemia, en un momento en que los hábitos de consumo audiovisual habían cambiado. Sabíamos que los cambios no iban a parar y decidimos crear una empresa con apertura de miras. Esa flexibilidad se instaló en nuestra forma de pensar desde el minuto uno. Por ejemplo, en distribución, nos abrió a nuevas formas de marketing y a llegar al público joven por vías no tradicionales.

Habéis apoyado películas muy distintas entre sí, pero siempre con una identidad clara. ¿Qué guía vuestras decisiones a la hora de seleccionar un proyecto?

ENRIQUE COSTA — Nuestro leitmotiv es hacer el cine que nos gustaría ver como espectadores. Necesitamos sentir una conexión personal con cada película. Si no hay algo que nos encienda por dentro, es difícil defenderlo después con autenticidad. Obviamente, hay que pensar con la cabeza, pero si el corazón no está implicado, el proyecto no camina igual. Esa llama interna es lo que nos guía en todos los proyectos, funcionen mejor o peor.

¿Cómo construís la marca Elastica como un sello de garantía para el espectador?

ENRIQUE COSTA — Aunque no siempre tenemos el tiempo que quisiéramos para ello, la marca ha sido una obsesión desde el minuto uno. Creamos el logo y gestionamos las redes sociales nosotros mismos en los primeros meses, eso también nos sirvió para definir un tono visual y conceptual que intentamos mantener en todas nuestras comunicaciones. Nos interesa mucho el lenguaje: qué tipo de imágenes, qué palabras, qué tono. La idea es que quien vea algo de Elástica, lo reconozca como algo cercano, cuidado, sincero. No somos una marca elitista. Nos vemos como espectadores comunes, pero curiosos, apasionados y exigentes. Y creemos que hay mucha gente así. Por eso siempre decimos que producimos y distribuimos las películas que a nosotros nos gustaría ver como espectadores. Y si a nosotros nos conmueve, nos divierte, nos sacude… creemos que también puede pasarle a otros. En el fondo, construir una marca es crear una comunidad. Y eso se hace con coherencia, con escucha y con muchas horas encima de cada detalle.

Foto: Lupe de la Vallina

¿Qué tipo de herramientas ponéis en marcha para favorecer una colaboración sinérgica con las salas de exhibición?

ENRIQUE COSTA — Siempre creemos que juntos sumamos más. Nos gusta colaborar tanto con grandes cadenas como con salas independientes gestionadas por familias. Buscamos visibilidad para nuestras películas: que estén bien posicionadas en el cine, en los tráilers, en el display. Es una relación de beneficio mutuo. Eso implica un trabajo conjunto en el que también ofrecemos algo a cambio: buenas películas, campañas trabajadas, propuestas pensadas para que funcionen.

Nunca nos ha gustado el modelo en el que uno gana y otro pierde. Como economista, siempre tengo presente la teoría de juegos: una buena negociación es aquella en la que, al menos, ambos salen razonablemente beneficiados. Y esto aplica a cómo nos relacionamos con los exhibidores. Siempre planteamos los estrenos desde un diálogo abierto y transparente, con información clara sobre el tipo de película que llevamos, su potencial, su target. Además, escuchamos mucho: qué necesitan, qué les funciona, qué barreras hay. Ese intercambio ha sido clave para que Elastica se haya hecho un hueco sólido en el circuito de salas en tan poco tiempo.

¿Cuál es vuestra estrategia de marketing para llegar a vuestro público objetivo y al mismo tiempo ampliar la base de espectadores?

MARÍA ZAMORA — Partimos con una ventaja: la integración total entre producción y distribución. El marketing no llega al final del proceso, empieza desde el principio. Desde que leemos un guion o empezamos a hablar con un director, ya nos preguntamos: ¿quién va a ver esta película?, ¿cómo vamos a contarla?, ¿qué emociones queremos transmitir?, ¿cómo vamos a posicionarla? Eso implica una coordinación muy fuerte entre el equipo de producción y el de distribución, algo que tenemos muy integrado. En rodaje ya se planifican las fotos fijas pensando no solo en prensa, sino también en el cartel. Buscamos imágenes que resuman el alma de la película. Luego, durante el montaje, revisamos que ese espíritu inicial se mantenga. Si no, lo ajustamos. Además, trabajamos mucho con la idea de target primario y secundario. Sabemos que hay un público natural para cada película, pero nos obsesiona buscar también al otro: al que no está en la sala de forma habitual pero podría estar. Por ejemplo, con Romería hemos hecho por primera vez dos carteles: uno más autoral y otro más abierto. Y eso se adapta también a los espacios: uno va a salas como los Verdi o los Renoir, y el otro a grandes cadenas. Y sobre todo, somos muy conscientes de que hay que salir del marco cinéfilo sin perder la identidad. Ese equilibrio entre autenticidad y amplitud es el gran reto.

¿De qué manera puede el cine español e independiente mejorar su conexión con el público más joven?

MARÍA ZAMORA — Para empezar, dejando de pensar que el joven es un público simple. Es un error muy instalado. Pensar que hay un cine adulto y un cine joven es una falacia. Cuando tienes 18 años estás más receptivo que nunca, buscas experiencias fuertes, intensas, complejas. El cine de autor puede conectar muy bien con eso, pero tiene que llegar. Y ahí está el problema: cómo se visibiliza. Nosotros apostamos por dos caminos. El primero: la formación de nuevos públicos desde pequeños. El cine debería enseñarse en los colegios, como parte de la educación cultural. Llevar a los niños y adolescentes a ver cine español en pantalla grande, generar una costumbre, un vínculo. Y el segundo: buscarles donde están. Todo pasa por las redes sociales, por formatos visuales adaptados, por campañas que puedan tener eco en su ecosistema. Hemos invertido mucho tiempo en estudiar cómo llegar a ellos sin impostura. Y a veces eso implica hacer cosas que no se han hecho antes: llevar películas a festivales de música, trabajar con influencers o generar materiales que no sean solo carteles o trailers.

Vuestro grupo ha apostado a menudo por voces emergentes y ha apoyado a autoras. ¿Cuáles son los frutos de esta estrategia?

MARÍA ZAMORA — Nacimos como una empresa feminista, y desde el principio apostamos por cine dirigido por mujeres y por nuevas voces. Creemos que el cine está en constante transformación, y las miradas jóvenes son fundamentales para esa evolución. Eso sí, sin renunciar a trabajar con los autores que fueron nuestros referentes como Céline Sciamma (Petite maman), Trier (La peor persona del mundo), Linklater (la próxima Nouvelle Vague) o Ruben Östlund (El triángulo de la tristeza)… Poder colaborar ahora con ellos, después de haber crecido admirándolos, es una suerte y una responsabilidad.

Varias películas españolas recientes han recibido premios y críticas positivas, pero han tenido dificultades para encontrar público. ¿Cómo os afecta esta incertidumbre?

ENRIQUE COSTA — Es frustrante, porque pones todo tu corazón en una película que consideras importante y luego no conecta con la audiencia como esperabas. Pero también aprendes mucho más de los errores que de los aciertos. Esos títulos los volveríamos a hacer o a distribuir, sin duda. Quizá cambiaríamos ciertas decisiones estratégicas, pero no su esencia. Y nunca dejaremos de arriesgar. El riesgo forma parte de lo que somos.

¿Qué papel juegan los festivales en vuestra estrategia de distribución?

ENRIQUE COSTA — Son fundamentales. Un festival puede transformar por completo la vida comercial de una película. Por ejemplo, O corno, tras ganar la Concha de Oro en San Sebastián, pasó de 30 a 80 copias y tuvo una recaudación altísima para una película en gallego, de época y con poco diálogo. En Cannes, este año llevamos cinco películas en la Sección Oficial. Estar ahí es crucial para dar visibilidad, negociar y posicionar los títulos en el mercado internacional.

MARÍA ZAMORA — Los festivales son cruciales. No solo como plataforma de lanzamiento, sino como espacio para el diálogo, la visibilidad internacional y la validación artística. Creemos que ninguna distribuidora española ha tenido tantas películas compradas sobre proyecto esta edición en Sección Oficial de Cannes. Estar ahí nos da fuerza, nos permite posicionarnos como actores clave en el circuito de cine autoral internacional y nos acerca a los grandes talentos. Pero más allá del escaparate, lo importante es cómo se aprovechan esos espacios. Qué acuerdos cierras, qué alianzas haces, cómo te implicas en la vida de la película después del festival. Habéis co-distribuido títulos como Emilia Pérez y La zona interés con Wanda o Annette con Filmin.

¿Cuándo consideráis que esta colaboración es necesaria?

ENRIQUE COSTA — Cuando empezamos obviamente teníamos unos recursos limitados porque Elastica es una empresa con dos socios, nosotros dos, y con nuestro patrimonio, cero inversores. Nos parecía importante tener al menos la posibilidad de tener al menos el 50% de las películas que deseamos distribuir, y no el 100% de las que otros dejan. Surge como una oportunidad muy interesante porque también nos permitía trabajar con otras personas y otras empresas. La codistribución es una experiencia muy positiva a la hora de poder compartir y, a veces, asumir riesgos que no podrías afrontar de manera individual. Si pudierais cambiar algo del mercado cinematográfico español con un chasquido de dedos, ¿qué sería?
MARÍA ZAMORA — Eliminar el prejuicio de que a los españoles no les gusta su cine. Cuando llegan a las salas, las películas gustan. Pero muchas veces no llegan a tiempo, o no se comunican bien. También nos gustaría que el cine independiente tuviera más visibilidad en medios. Y por supuesto, más público. Siempre más público.

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