La irrupción de la Inteligencia Artificial es un reto que afecta a todos los sectores económicos. Uno de los ámbitos en donde más conflicto está generando es en el mundo de la creación y el cine. Ya desde Estados Unidos hubo un claro aviso tras las huelgas convocadas en 2023 por parte de los sindicatos de guionistas y actores de Hollywood, donde la IA jugó un papel crucial. Y es que, tanto intérpretes como guionistas, vieron amenazado su futuro laboral ante la capacidad de esta herramienta de sustituirles, excluyendo la creatividad humana de la ecuación, al suponer un tremendo ahorro en los costes de producción. I
El último caso que ha conmocionado a Hollywood ha sido la difusión de un vídeo creado por Seedance 2.0, la última versión del modelo de generación de vídeo desarrollado por ByteDance, el gigante asiático propietario de TikTok, en el que se ve a Brad Pitt y Tom Cruise peleándose a puñetazos en la azotea de un edificio: la escena, perfectamente realista, nunca ha ocurrido, sino que es fruto íntegramente de la Inteligencia Artificial.
En España, desde los distintos ámbitos técnicos y creativos del cine se lleva tiempo demandando regulaciones en torno a la IA encaminadas a proteger sus puestos de trabajo. Mientras la nueva Ley del Cine se retrasa eternamente, donde la IA tendrá una normativa oficial, todavía no existe una regulación en la que se especifique, por medio de un porcentaje, cuánto de una película puede estar creado con IA. Por el momento, la única regulación existente se centra en obligaciones de transparencia, respeto a derechos (autor, datos personales) y requisitos administrativos para acceder a ayudas públicas, no en un límite porcentual fijo. Esta serie de medidas impuestas pretenden asegurar el trabajo y la libertad creativa en el cine.
LA IA Y LAS SUBVENCIONES
Durante el pasado Festival de Málaga, la asociación de productores AECINE organizó la jornada Hacia un Código Deontológico en IA para Cine y Audiovisual. Guía de buenas prácticas, en la que intervino Ignasi Camós, director general del ICAA, quien estuvo acompañado por María Luisa Gutiérrez, presidenta de AECINE y CEO de Bowfinger International Pictures; Clara Ruipérez de Azcárate, directora de Estrategia Jurídica de Contenidos de Telefónica y Eduardo Jiménez, socio fundador de Free Your Mind y productor de Quexito Films.
El máximo dirigente del ICAA anunció que el organismo empezará a incluir una declaración responsable sobre el uso de la Inteligencia Artificial entre los requisitos para optar a las próximas ayudas generales a la producción de largometrajes. De esta manera, todos aquellos que soliciten un certificado de culturalidad, el cual marca la idoneidad de los candidatos a la hora de recibir ayudas, deberán certificar que la obra no ha sido creada de forma íntegra con Inteligencia Artificial. La medida pretende proteger, entre otras cosas, ámbitos en los que la IA llevaba tiempo aplicándose, como la posproducción o el sector de la animación.
El director del ICAA remarcó que la IA debía servir como herramienta al servicio de la creación humana y que ese certificado obedece a un requerimiento solicitado desde la European Film Directors Association (EFAD), que engloba a más de 40 agencias de cine del ámbito europeo-territorial. Además, señaló que, pese a que la IA lleva tiempo empleándose, el problema ha surgido cuando ha irrumpido la Inteligencia Artificial generativa, es decir, la que es capaz de generar un texto, un vídeo, una canción o melodía gracias a un entrenamiento realizado a partir de la lectura de contenidos hechos previamente por el ser humano.
El anuncio finalmente quedó materializado el 24 de junio de 2025, cuando el Boletín Oficial del Estado publicó la Orden Ministerial por la que se modificaban las normas que regulan las ayudas a la producción cinematográfica en España, concretamente la Orden CUD/582/2020 y la Orden ECD/2784/2015. Entre las principales modificaciones, quedaba estipulada la concerniente a las limitaciones al uso exclusivo de Inteligencia Artificial generativa: para acceder a los incentivos fiscales, se exigirá una declaración responsable que acredite que la obra no ha sido creada íntegramente por IA generativa, y que ha habido intervención humana relevante y cumplimiento de la normativa aplicable.
UN CONTROL MÁS EXHAUSTIVO EN LOS GUIONES
La escritura cinematográfica es un ámbito muy sensible al uso de la IA, dado que para escribir es mucho más fácil hacer uso de esta tecnología que en otros procesos de producción. Por ese motivo, Camós apuntó en su intervención a la necesidad de controlar de forma más exhaustiva los guiones. Para ello, anunció que el ICAA ha adquirido una herramienta de Inteligencia Artificial capaz de controlar y medir cuánto porcentaje de un guion presentado a las nuevas ayudas para la escritura de guiones se ha hecho mediante esta tecnología.
Así, aquellos guiones identificados por el programa como generados íntegramente por IA serán excluidos del proceso. Concretamente, el programa recomienda analizar los textos cuando detecta que hay más de un 60-70% de uso de IA. El programa es muy similar al que emplean desde hace años las universidades u otras instituciones para detectar plagios en los trabajos. Son medidas que siguen la línea europea, ya que en varios países los creadores de las obras están obligados a especificar en un cuestionario aspectos como qué IA han utilizado, cuáles son los motivos de uso y si se han respetado los derechos de autor y de propiedad intelectual.

Mesa redonda sobre IA en el pasado Festiva de Málaga. En la mesa de izq. a dcha., María Luisa Gutiérrez (Bowfinger), Ignasi Camós (ICAA), Clara Ruipérez (Telefónica) y Eduardo Jiménez (Free Your Mind, Quexito Films)
ORGANISMOS REGULADORES
A nivel europeo hay medidas que ya están siendo implementadas. En 2024, se aprobó el AI Act, la primera ley de la Unión Europea que regula el uso de la Inteligencia Artificial según su nivel de riesgo, exigiendo transparencia, supervisión humana y respeto a los derechos fundamentales. En España, su aplicación está controlada por la Agencia Española de Supervisión de la Inteligencia Artificial (AESIA), con sede en A Coruña, el organismo público encargado de garantizar el uso ético y seguro de esta herramienta en España, asegurando que tanto entidades públicas como privadas cumplan con la normativa vigente, protegiendo la privacidad, igualdad de trato y derechos fundamentales.
En el ámbito cinematográfico, la AESIA puede requerir información técnica sobre los sistemas usados (por ejemplo, IA para guiones, doblaje o efectos visuales) o exigir una transparencia sobre los datos o modelos empleados. Si detecta infracciones —como la generación de contenidos sin etiquetado, la vulneración de derechos de autor o el uso de deepfakes sin consentimiento— puede imponer sanciones económicas que, según el AI Act, pueden llegar hasta 35 millones de euros o el 7% de la facturación.
Además, la AESIA coordina su labor con el Ministerio de Cultura y el ICAA, que ya solicitan declaraciones responsables sobre el uso de IA en proyectos cinematográficos. Así, la agencia garantiza que la innovación tecnológica en el cine se desarrolle dentro de los límites éticos y legales establecidos, buscando que la tecnología complemente la creación artística sin sustituirla.
UN EQUILIBRIO DELICADO
En definitiva, los requisitos del ICAA para obtener ayudas sobre Inteligencia Artificial en el cine busca un equilibrio delicado: proteger la creatividad humana sin frenar la innovación tecnológica. Al exigir transparencia, autoría demostrable y códigos éticos, la normativa del ICAA y el AI Act refuerza la integridad artística y los derechos de los creadores frente al riesgo de obras generadas íntegramente por tecnología. Sin embargo, este mismo control puede convertirse en una barrera para la experimentación e innovación tecnológica. Desde la Casa Blanca se ataca con dureza lo que se considera una “excesiva regulación” europea en materia de IA.
A su vez, una normativa muy dura alrededor de la IA en el cine podría acentuar la brecha entre grandes y pequeñas productoras, puesto que cumplir con las regulaciones sobre IA implica costes y procesos adicionales que no todas pueden asumir. Documentar exhaustivamente cómo y con qué herramientas usan IA, asegurarse de tener licencias sobre los materiales o datos empleados, o elaborar las declaraciones responsables exigidas por el ICAA, sumado a gastos en asesoría legal para evitar vulneraciones de derechos de autor y propiedad intelectual, supone tiempo, personal y dinero. Mientras las grandes productoras cuentan con departamentos jurídicos o tecnológicos propios, las pequeñas suelen trabajar con equipos más reducidos, por lo que estos requisitos podrían ralentizar la producción o disuadir el uso de herramientas de IA por miedo a incumplir la normativa.
Este artículo ha sido publicado en el número de Box Office de marzo 2026, que puedes descargar gratis o suscribirte para recibirlo.
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