IA en el cine: promesas, peligros e incertidumbres

Hablamos con distintos profesionales de la industria del cine española para abordar el impacto de la IA en el ámbito de la creación, la producción y la distribución. Acelera y optimiza procesos, ayuda a resolver problemas creativos, pero también puede destruir empleos y hacernos víctima del algoritmo, reduciendo la diversidad. Y por “inteligente” que sea, la IA nunca tendrá una visión autoral.

Por Pelayo Sánchez

Entre promesas de transformación y advertencias sobre sus potenciales efectos, hace ya tiempo que la Inteligencia Artificial se ha instalado en el centro del debate público. En el ámbito audiovisual, su inevitable influencia en el futuro de la creación y la producción plantea, por el momento, numerosas preguntas y escasas respuestas, dibujando un porvenir incierto ante el que muchas voces en activo del sector, en un ejercicio de cautela, prefieren no pronunciarse. El mero hecho de definir con claridad qué es la Inteligencia Artificial ya trae consigo un reto de partida.

«El primer error que cometemos es hablar de la IA en singular», opina Isaki Lacuesta, uno de los cineastas más relevantes del panorama español contemporáneo, dos veces ganador de la Concha de Oro en el Festival de San Sebastián. «La Inteligencia Artificial es algo plural: son distintas y muy diversas tecnologías con infinitas aplicaciones. Y, en mi opinión, sus posibilidades son espectaculares en todos los ámbitos. El problema, pienso, es que es una tecnología que se ha desarrollado a partir de un robo colectivo masivo».

Isaki Lacuesta, Director. © Patricia J. Garcinuño/Getty Images

El director de Segundo premio se refiere al uso generalizado de obras y contenidos de terceros para entrenar estos sistemas sin el consentimiento explícito de sus autores. «Pasó lo mismo cuando se desarrollaron buscadores como los de Google, edificados a base de atracar y piratear los imaginarios colectivos, las imágenes, las ideas, las palabras de muchísima gente, para que luego se convirtiesen en herramientas de uso privado. El problema es el mismo: el desarrollo de las IAs parte de un pecado original que parece muy difícil de solventar y remediar», señala el director, quien, desplazando el foco del problemático origen de la herramienta a los interrogantes éticos que plantea su uso, insiste en que «el problema, de todas formas, no es de la tecnología ni del medio: es de la utilización que nosotros, como usuarios, hagamos de estos recursos».

Avelina Prat, directora de Vasil y de la reciente Una quinta portuguesa, tiene una opinión similar. «En un primer momento, la Inteligencia Artificial será (ya lo es) una herramienta, como las muchas que han ido apareciendo a lo largo de la historia del cine y que han modificado la forma de hacer películas. El problema es la velocidad de su avance, que pronto podría derivar en que haya oficios prescindibles», vaticina. «Aunque seguramente surgirán también otros nuevos vinculados a la gestión y el manejo de estas herramientas en sus distintas fases. En el futuro, en el que probablemente se tienda a hacer cada vez películas más inmersivas, seguirán existiendo personas que sostengan la visión de la obra, responsables de la parte creativa y del control del resultado final», opina. En este punto, la cineasta cree que guionistas y directores, pese a todo, seguirán siendo los autores de las películas, aunque su forma de trabajar cambie.

«Al final, el cine tiene que ver con la sensibilidad y con el tiempo», apunta Prat. «En un primer momento, el cine más afectado será el más comercial. Se trata de generar contenido de consumo masivo —las plataformas hablan de “consumir contenidos”, no de “ver películas”—, basado en fórmulas que ya han funcionado. Ahí la IA se utilizará sobre todo para producir más rápido. Pero eso cubrirá solo una parte de la industria: estoy convencida de que seguirá existiendo un cine más autoral, pensado por personas, que apenas utilicen IA. Hay necesidades humanas a las que no vamos a renunciar: crear, explorar, comunicarnos a través del arte, entender lo que nos rodea, probarnos a nosotros mismos… Hace años que las máquinas juegan mejor al ajedrez que los humanos y, sin embargo, seguimos celebrando campeonatos entre personas». Además, la directora de Una quinta portuguesa ve difícil que vayamos a renunciar a la competencia, algo tan arraigado en el ser humano. ¿Acaso es fácil imaginar el mundo del cine sin galas de premios?

Avelina Prat, Directora. © Mario Wurzburger/Getty Images

«En definitiva, siempre habrá un espacio para la creación humana, para contarnos unos a otros historias vividas, pensadas o imaginadas por nosotros mismos», asegura la directora. Algo en lo que Lacuesta coincide, siendo incluso más optimista: «Mi sospecha es que, de aquí a diez años, se le dará un valor adicional, todavía más especial, al trabajo hecho por humanos. Te pongo un ejemplo: cuando vemos las películas de Carla Simón, lo que nos emociona es saber que eso le ha ocurrido a ella. Si Romería estuviese generada con IA, aunque fuese exactamente la misma película, aunque no cambiase ni una sola palabra, ni una sola imagen, la emoción que nos causaría no sería la misma. Es, en cierto modo, lo mismo que ocurre en la artesanía: cuando te dicen que algo ha sido hecho a mano y no en una fábrica, estás dispuesto a pagar por ello, sabiendo que se trata, además, de una pieza única. Es probable que algo parecido llegue a ocurrir en el cine», argumenta el director de La leyenda del tiempo (2006).

LA IA EN LA ESCRITURA: ALIADA, PERO CON LÍMITES

Para Alejandro Hernández, guionista habitual de cineastas como Mariano Barroso, Manuel Martín Cuenca o Alejandro Amenábar, la IA ha traído múltiples beneficios para el ejercicio de la escritura, revelándose como una herramienta especialmente útil en tareas de documentación, investigación y rastreo de fuentes, al permitir acelerar procesos que, hasta hace poco, exigían mayor tiempo y esfuerzo. En opinión de este guionista, la Inteligencia Artificial es, además, un recurso con notables capacidades para el análisis de textos, al ser capaz de detectar posibles problemas de escritura o incluso de sugerir soluciones narrativas que, en un futuro no muy lejano, podrían asemejarse a las dinámicas de una sala de guionistas.

«Yo la uso a diario para documentarme y explorar temas sobre los que estoy trabajando. Hay una diferencia enorme entre los motores de búsqueda y la IA, que es mucho más incisiva, práctica, sencilla y resolutiva», argumenta. Si bien apunta que nunca la ha usado «creativamente»: «Esa es la parte de mi trabajo que más disfruto. Como me decía un amigo guionista americano: “Si te gusta escalar paredes, ¿qué sentido tiene llegar a la cima en helicóptero?”».

Alejandro Hernández, Guionista

En este sentido, Hernández no piensa que la IA pueda superar el valor del trabajo creativo en términos absolutos. «No creo que pueda estar por encima del talento profesional, porque se nutre justamente de él», señala, sin por ello dejar de admitir que su eficiencia puede convertirla en un factor de presión dentro de la industria. Esa tensión, añade, apuntando hacia el mismo lugar hacia el que lo hacía Avelina Prat, podría traducirse en una reconfiguración del mercado laboral audiovisual, con posibles pérdidas de puestos de trabajo en determinados niveles de la cadena creativa. «Tiene una velocidad creativa que nos deja a todos tiritando, y esto puede suponer una motivación para que se implemente en ciertos sectores de la industria audiovisual, con la consecuente eliminación de puestos de trabajo».

Preguntado por los posibles problemas éticos que plantea la escritura con IA, el guionista, ganador del Goya al Mejor Guion Adaptado por Todas las mujeres (2013), dice tener muy claro el límite: «La línea roja, para mí, está en el momento en que un programa de IA escriba una historia donde el guionista que lo firme no haya intervenido mayoritariamente. ¿Vale entonces algo puntual? Mira, te pongo un ejemplo: cuando Francis Coppola y Mario Puzo escribieron El Padrino tuvieron muchos problemas a la hora de construir la última escena entre Vito y Michael Corleone, que tiene lugar en el jardín. Como no daban con lo que querían, Coppola llamó a Robert Towne (ganador del Oscar por Chinatown) para que les ayudara. Towne acabó escribiendo la icónica escena que todos conocemos. Lo hizo sin pedir crédito, aunque Coppola se lo agradeció cuando recogió su Oscar a mejor guion por El Padrino. A lo que voy: si la IA me resuelve un problema puntual, como el que tuvo Coppola, yo estaré encantado. Es decir: ningún problema en tener la ayuda de un programa, o la de Robert Towne. Ningún complejo. Pero, claro está, es algo que debe manejarse siempre con transparencia».

ALGORITMOS, FINANCIACIÓN Y CONTROL CULTURAL

Las implicaciones de la apabullante velocidad a la que trabaja la IA –como ya apuntaba el guionista de Mientras dure la guerra (2019)– no se limitan, claro está, al ámbito del guion ni a la esfera estrictamente creativa: la irrupción de la Inteligencia Artificial en la industria audiovisual plantea también un urgente debate en torno a la financiación, la distribución y el control de los contenidos.

«La IA impulsa la eficiencia al automatizar subtareas, acelerar procesos, reducir tiempos, optimizar recursos y reconfigurar perfiles profesionales. Esto es algo que sería absurdo negar», apunta Paulino Cuevas, abogado y productor especializado en fiscalidad cinematográfica y en derecho de la propiedad intelectual y de las nuevas tecnologías. «Pero, cuando hablo de reconfiguración, no pretendo edulcorar la realidad porque la IA también está destruyendo empleo, y difícilmente lo compensará creando nuevos puestos en la misma proporción. Por eso conviene abrazar esta tecnología desde la formación, sea cual sea el rol que hoy ocupe cada profesional, para evitar quedarse atrás», augura. Y añade: «El problema empieza cuando confundimos eficiencia con sustitución indiscriminada del talento. Son muchas las organizaciones y, entre otras, The International Labour Organization (ILO), que advierten cómo la IA generativa está transformando la exposición al empleo, las competencias requeridas y las condiciones de trabajo en el sector de media y cultura».

La financiación y la distribución sufrirán, cuenta, transformaciones profundas. «Por un lado, la forma de distribuir películas, por supuesto, ya está cambiando. Los algoritmos de recomendación condicionan cada vez más qué vemos, qué dejamos de ver y qué interesa a las plataformas en términos de visibilidad real. Y ahí aparece, a mi juicio, uno de los grandes riesgos: que la IA, en manos de los humanos, termine estrechando nuestro horizonte cultural. Eso puede hacer invisibles obras alternativas, relatos incómodos o voces minoritarias. Por eso no podemos delegar por completo en la IA una función que también exige criterio editorial, diversidad y curación humana». La propia Comisión Europea, a través del Reglamento de IA (AI Act), ha puesto el foco en cómo la lógica algorítmica puede afectar a la promoción de la diversidad cultural online, nos recuerda Cuevas, ex director general de Spain Film Commission, fundador y director de Euromedia Films durante más de 24 años y actual gerente de ALIA, Alianza de la Industria Audiovisual.

«Por otro lado, en lo que a la financiación se refiere, en un futuro la influencia será también notable. Pero aquí conviene distinguir dos planos. Uno es la decisión sobre qué se financia: la IA ayuda a estimar audiencias, perfilar campañas, anticipar comportamientos y reducir incertidumbre. Y, en otro plano distinto, está la cuestión de cómo se financia una obra. En ambos casos, su impacto será creciente. No creo que sustituya al criterio inversor, pero sí va a condicionar cada vez más la evaluación del riesgo y el diseño comercial del proyecto», añade.

Paulino Cuevas Gerente de ALIA, Alianza de la Industria Audiovisual

E insiste particularmente en cómo la tecnología blockchain puede alterar la lógica tradicional de la financiación del cine. «La tecnología blockchain aplicada al cine permite tokenizar derechos o participaciones sobre la obra, automatizar repartos y dotar de mayor seguridad y trazabilidad a la inversión a través de registros descentralizados y smart contracts. A mi juicio, esta tecnología puede abrir la puerta a fórmulas de inversión fraccionada, más accesibles para comunidades de microinversores que hasta ahora quedaban fuera de este tipo de proyectos por barreras de entrada y la complejidad operativa.

En resumen, la combinación entre blockchain e IA será muy potente en el futuro», asegura. Y propone: «Imagina un escenario en el que la blockchain facilite el acceso, la trazabilidad y el fraccionamiento de la inversión (minimizando el riesgo) y la IA, por su parte, se encargue de mejorar el análisis de riesgo y la segmentación de inversores, entre otras bondades».

En última instancia, Cuevas coincide con Prat, Lacuesta y Hernández en que, pase lo que pase, la mirada humana seguirá prevaleciendo en el territorio de la creación. «No creo que el autor humano vaya a desaparecer pues la creación forma parte de nuestra naturaleza», insiste Cuevas. Y concluye: «Pero la IA ya está introduciendo cambios tectónicos en la forma de concebir, atribuir y gestionar la autoría. Cada vez será más importante determinar quién decide, quién dirige, quién consiente y, en última instancia, quién responde por el resultado final de la obra».

Este artículo ha sido publicado en el número de Box Office de mayo 2026, que puedes descargar gratis o suscribirte para recibirlo.

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