Entrevista a BTeam: El espectador quiere ver algo único

El cine español y de autor europeo contemporáneo no se entiende sin BTeam. Este 2025, han distribuido dos películas que consolidan un histórico cambio de rumbo del cine español hacia la excelencia como Sirat (2,9 millones), nominada a dos Oscar, y Los domingos (4 millones), con 13 candidaturas a los Goya. Como productores, Las niñas o la próxima Tres adioses, de Coixet. Lara Pérez Camiña, Alex Lafuente y Ania Jones apuestan por la flexibilidad, la calidad como emblema y la máxima implicación con cada título.
Álex Lafuente, Ania Jones, Lara Pérez Camiña. Foto: Lupe de la Vallina

BTeam Pictures nació a principios de la década de 2010, en plena crisis. Un momento en el que grandes pilares de la distribución independiente cerraban abriendo también la puerta a jugadores con ideas frescas y estructuras empresariales más flexibles. Como la generación Z, BTeam ha crecido en “tiempo de guerra” del colapso económico a la pandemia, retos de los que han salido fortalecidos. Lo han hecho combinando flexibilidad con una apuesta clara y decidida por la excelencia. Porque ante un espectador cada vez más exigente, solo cabe apostar por “buenas películas” y trabajarlas a fondo.

En una empresa pequeña los roles son siempre complementarios, pero cada socio fundador tiene un área más específica. Así Alex Lafuente está al frente de Producción y Adquisiciones; Lara Pérez Camiña de Marketing y Comunicación y Ania Jones es la directora de Business Affairs. También cuentan que Lafuente es el más cinéfilo, Pérez Camiña tiene en cuenta la parte más comercial y Jones está “en medio” en un equipo que presume de llevarse bien.

El 2025 ha sido histórico para BTeam, con la rivalidad en la temporada de premios de Sirat, Gran Premio del Jurado en Cannes, 11 nominaciones a los Goya y candidata a dos Oscar, sonido y película extranjera, y Los Domingos, Concha de Oro en San Sebastián que lidera las quinielas con 13 candidaturas a los galardones de la Academia española. Además, la película de Laxe parte como favorita para los Oscar.

Un año de gloria en el que también han tenido otros éxitos notables como Los aitas (480 mil euros), Siempre es invierno, de David Trueba (800 mil euros), Maspalomas (700 mil euros) o su gran apuesta para el espectador cinéfilo en Navidad con El extranjero de François Ozon.

Además, como productores, han brillado con Ciudad sin sueño, premiada en el Festival de Cannes, y otros títulos de producción propia como La novia (2015, 1 millón), Las niñas (2020, 870k) o la Concha de Oro Entre dos aguas (2018, 147k) y la Biznaga de Oro Segundo premio (2024, 345k). Y en distribución, joyas recientes como Parthenope (2024, 804k), Siempre nos quedará mañana (2023, 1,1 millones) o Cinco lobitos (2022, 900k).

Este 2026 se presenta atractivo con los estrenos del “western queer” chileno premiado en Cannes Flamenco (16 de enero); lo nuevo de Isabel Coixet, Tres adioses, tras su éxito en Italia, la historia de una mujer que redescubre la vida tras una separación y se estrena el 6 de febrero; o Altas capacidades, el regreso de Víctor Garcia León, una farsa sobre una familia que quiere escalar socialmente matriculando a sus hijos en un colegio de elite. ¿Retos más acuciantes? Mejorar los resultados del cine europeo y consolidar la presencia del exitoso cine de autor moderno español en las salas de centro comercial.

BTeam nace a comienzos de la década de 2010, en plena crisis. Después llegarían la pandemia, los cambios en los hábitos de consumo y una nueva reordenación del sector. ¿Cómo han marcado vuestra identidad esas crisis?

Ania Jones. Han sido absolutamente fundacionales, no hemos conocido un escenario de estabilidad. No hay un “antes de la crisis” en BTeam, porque arrancamos directamente en ella. Veníamos de trabajar en empresas grandes, con estructuras muy pesadas, y la crisis de 2011-2012 nos enseñó de forma muy clara que esos modelos no eran sostenibles cuando el mercado se contraía. Grandes empresas muy relevantes cerraron y eso no tenía que ver solo con una mala gestión concreta, sino con un modelo que ya no respondía a la realidad del mercado. Cuando decidimos arrancar BTeam, lo hicimos con una conciencia muy clara de que teníamos que ser una empresa pequeña, muy contenida, con costes controlados y con una enorme capacidad de adaptación.

Lara Pérez Camiña. Hay una cuestión mental. Nacer en crisis te obliga a no dar nada por hecho. Nunca hemos tenido la sensación de que el negocio “funcione solo”. Todo hay que pensarlo, revisarlo y reajustarlo constantemente. Eso genera una cultura de trabajo muy pragmática, pero también muy consciente de los límites. Creo que esa mentalidad sigue siendo una de las señas de identidad de BTeam hoy.

Alex Lafuente. Nuestro origen está directamente ligado a ese colapso del sistema tradicional de distribución independiente. Nosotros salimos de una empresa en crisis y la pregunta era: “¿Qué hacemos ahora?”. El panorama era objetivamente muy complicado, pero al mismo tiempo la crisis abrió una ventana de oportunidad. Al desaparecer grandes estructuras, se redujo la competencia y el acceso a determinadas películas se facilitó para empresas pequeñas, muy ligeras, con presupuestos muy ajustados. Para nosotros, que arrancábamos con poquísimos recursos, eso fue una oportunidad real. Si el mercado hubiera estado sano y estable, probablemente nos habría sido imposible empezar.

Desde el inicio apostasteis por un cine de autor muy seleccionado, trabajando cada título de forma muy artesanal. ¿Fue una decisión estratégica o una consecuencia natural del contexto?

Alex Lafuente. Fue una mezcla de estrategia, intuición y necesidad. Detectamos que a ese público interesado en otro tipo de películas, más pequeñas, más autorales, con recorrido en festivales, se llega con una distribución muy cuidada. No aspirábamos a competir con películas de grandes presupuestos ni a replicar modelos que ya no funcionaban. Apostamos por un cine más boutique, si se quiere llamar así, con una rentabilidad acorde a nuestra escala. Menos películas y trabajarlas mejor.

Lara Pérez Camiña. Hubo también una decisión muy clara de no crecer a cualquier precio. Veníamos de ver cómo algunos modelos de crecimiento rápido generaban problemas muy serios a medio plazo. Nuestro valor estaba también en la cercanía con los cineastas y en la construcción de relaciones a largo plazo. Eso implica aceptar que no todas las películas van a ser grandes éxitos, pero sí que todas van a estar trabajadas con el mismo nivel de compromiso.

Ania Jones. Desde el punto de vista financiero era casi la única opción viable. Un modelo basado en volumen habría sido suicida para una empresa tan pequeña. Necesitábamos ajustar el riesgo a nuestra capacidad real. Ese modelo nos permitía controlar mejor la tesorería, los tiempos de retorno y el nivel de riesgo. No es un modelo fácil, porque cada película pesa mucho, pero es el único coherente con una estructura como la nuestra.

Lara Pérez Camiña, Álex Lafuente, Ania Jones. Foto: Lupe de la Vallina

La pandemia llega cuando BTeam ya está en un momento de crecimiento y de consolidación interna. ¿Qué ocurre entonces?

Alex Lafuente. La pandemia fue durísima a todos los niveles, eso es evidente. Pero a nivel empresarial coincidió con un momento muy concreto de nuestra trayectoria. Justo antes de la pandemia habíamos arrancado la división de producción y empezaba a consolidarse. Ese mismo año estrenábamos Las niñas, que coproducíamos, El olvido que seremos (800k) y Otra ronda (1 millón). A pesar de todas las dificultades, fueron películas que funcionaron muy bien y que nos permitieron consolidar relaciones con cineastas y productores de primer nivel.

Ania Jones. La producción empezó a alimentar la distribución y viceversa. Las películas españolas que estábamos produciendo o coproduciendo funcionaron bien en salas y eso generó confianza en otros productores y directores que empezaron a trabajar con nosotros solo en distribución. Ahí se empezó a construir una identidad muy clara como distribuidora de cine español, que hoy es el eje central de nuestro negocio.

Lara Pérez Camiña. Durante la pandemia cambió radicalmente la relación del público con los cines. Los cines independientes sostuvieron la actividad cuando los grandes estudios no estaban presentes. Eso permitió que el público se acostumbrara a ver otro tipo de cine y a vivir la experiencia de la sala de una manera distinta: coloquios, presentaciones, encuentros. Se empezó a entender el cine no solo como una película, sino como una experiencia colectiva. Muchas de esas dinámicas se han quedado y hoy forman parte esencial de cómo funciona el cine español.

En los últimos años se habla de un cambio de ciclo muy claro en el cine español: nuevas generaciones, más diversidad de miradas, fuerte presencia de mujeres cineastas y una conexión renovada con el público. ¿Compartís ese diagnóstico?

Lara Pérez Camiña. Estamos ante un cambio profundo y estructural. Durante muchos años el cine español tendía a repetirse a sí mismo en términos de mirada y eso ha cambiado de forma radical. Han aparecido nuevas generaciones de cineastas con voces muy personales, muy distintas entre sí, y eso el público lo percibe claramente. Desde la comunicación lo vemos de forma muy directa: ya no hablamos de “cine español” como un bloque homogéneo, sino de películas muy distintas que interpelan a públicos muy concretos.

Alex Lafuente. Durante años el cine español se parecía demasiado a sí mismo y eso generaba cierto cansancio. Ahora hay una diversidad enorme de tonos, géneros y aproximaciones narrativas. Eso conecta con un espectador mucho más exigente, que no va al cine por inercia. El público quiere sentir que va a ver algo único, algo que no podría encontrar en una plataforma. Cuando eso ocurre, responde.

Ania Jones. Hay también un factor generacional muy importante. Muchas de las directoras y directores que están conectando ahora con el público llevan años formándose, haciendo cortos, trabajando en proyectos pequeños. No son irrupciones improvisadas. Es un talento que estaba ahí y que ahora ha encontrado un contexto más favorable para llegar a las salas. Eso se traduce en películas muy sólidas y honestas.

Dentro de ese cambio, la presencia de mujeres cineastas ha sido especialmente relevante. ¿Hasta qué punto ha sido una clave del éxito reciente?

Lara Pérez Camiña. Hay una cuestión de identificación muy clara. Muchas espectadoras han encontrado por fin historias que hablan de ellas desde lugares complejos, no estereotipados. Eso genera un de boca en boca muy fuerte y una relación muy fiel con las películas.

Ania Jones. Es una de las transformaciones más importantes que ha vivido el cine español en décadas. No solo por una cuestión de equilibrio o de justicia, sino porque ha ampliado de manera enorme el imaginario cinematográfico. Se han incorporado nuevas historias, nuevas sensibilidades y formas de narrar que antes estaban infrarrepresentadas. Eso ha enriquecido muchísimo la oferta y ha tenido un impacto directo en la conexión con el público adulto.

Alex Lafuente. Para nosotros no ha sido una decisión estratégica en el sentido oportunista. Ha sido una consecuencia natural de apostar por el talento. En los últimos años han surgido directoras extraordinarias, con trayectorias muy sólidas. Evidentemente el contexto ha ayudado a que tengan más espacio, y eso era necesario, pero el talento estaba ahí desde antes. Haber producido la primera película de Pilar Palomero, Las niñas, que hoy es una voz fundamental del cine español, por ejemplo, es un motivo de satisfacción.

Vemos ese éxito del cine español moderno pero el europeo tiene dificultades. ¿Qué está ocurriendo?

Alex Lafuente. Es una tendencia muy clara. El cine europeo funciona hoy en menos títulos. Son menos y, además, se pagan mucho más caras. Los precios de adquisición no se han ajustado al nuevo nivel de riesgo del mercado. Eso genera una tensión enorme para las distribuidoras independientes.

Ania Jones. El problema es estructural. Para levantar grandes presupuestos europeos se necesitan preventas y adelantos de distribución elevados, pero los distribuidores ya no podemos asumir esos riesgos como antes. Las ventanas posteriores tampoco compensan: las plataformas compran, pero a precios mucho más ajustados; la televisión generalista tiene muy poco espacio para cine europeo. Al final, si la película no funciona en salas, es muy difícil que cuadren los números.

Lara Pérez Camiña. Otro problema es que el cine europeo tiene más dificultades para construir campañas de cercanía. No tienes a los cineastas disponibles durante semanas para giras, coloquios o encuentros con el público. Eso, en el contexto actual, es una desventaja muy grande. Los festivales siguen siendo claves para articular el recorrido de este tipo de cine.

Los festivales siguen siendo claves para articular el recorrido de este tipo de cine. ¿Cómo valoráis hoy el papel de San Sebastián, Málaga y Valladolid?

Alex Lafuente. San Sebastián se ha consolidado como un pilar fundamental para el cine español de otoño. Málaga ha encontrado su espacio en primavera y ha ganado muchísimo prestigio. Estrenar en Málaga y salir directamente a salas en primavera se ha convertido en una estrategia muy potente. Y en el caso de Seminci, el problema no es la calidad del festival, que es excelente, sino el calendario. Llega muy tarde en el año. Estrenar pegado al festival es muy complicado porque el otoño está saturado, pero retrasar el estreno implica el riesgo de perder la inercia. Eso no quita que nos haya ido muy bien, por ejemplo, con Siempre es invierno de David Trueba después de estrenarla allí.

En el mercado español, los multiplex con más de siete pantallas concentran un porcentaje muy alto de la exhibición. ¿Llega ese cine de autor español cada vez más exitoso al centro comercial?

Ania Jones. Desde el punto de vista financiero, el centro comercial es un espacio clave porque concentra mucho público potencial. El reto es cómo llegar a él sin perder la identidad de las películas. El cine español ha conseguido dar ese salto en algunos casos pero el cine europeo lo tiene mucho más difícil.

Alex Lafuente. En los multiplex se priorizan los grandes estrenos americanos porque son los que, en teoría, garantizan una afluencia inmediata. Cuando esos títulos se estrenan, ocupan muchas pantallas y dejan muy poco margen para otro tipo de cine.

Lara Pérez Camiña. Construir una experiencia diferenciada en un centro comercial es más complicado. En los cines urbanos puedes organizar coloquios, encuentros, crear comunidad. En un multiplex eso es mucho más difícil. Sin embargo, no creemos que sean públicos completamente estancos. Hay espectadores que se mueven entre ambos espacios.

La ley del cine leva años estancada. ¿Cómo vivís este bloqueo legislativo?

Lara Pérez Camiña. Con bastante frustración. Para el sector independiente es una herramienta fundamental, no tanto como solución mágica, sino como marco que ayude a equilibrar un mercado muy desigual. Hablamos de diversidad cultural, de acceso a las salas, de evitar que determinadas películas ocupen de forma masiva el espacio durante semanas mientras otras apenas tienen opción de ser vistas. No es una cuestión ideológica, es una cuestión de supervivencia del ecosistema.

Alex Lafuente. Parece que el cine no es una prioridad política real. Estamos hablando de cultura, pero también de industria, de empleo y de pensamiento crítico. La cuota de pantalla actual del 25% para cine europeo e iberoamericano, por ejemplo, no es una medida radical ni nueva, existe en muchos países europeos. Ahora mismo, en determinados momentos del año, es literalmente imposible encontrar espacio para ciertas películas.

Ania Jones. La falta de un marco estable genera mucha inseguridad. La planificación financiera de una distribuidora independiente se basa en prever ventanas, tiempos y recorridos. Cuando el marco regulatorio es incierto o inexistente, el riesgo aumenta. No estamos pidiendo proteccionismo extremo, sino reglas claras que permitan competir en un mercado que, de base, es muy asimétrico.

Una de las medidas que sí ha funcionado es el Cine Sénior. ¿Qué impacto real ha tenido en vuestro negocio y en el sector?

Ania Jones. Fundamental. El Cine Sénior ha demostrado que hay un público adulto dispuesto a volver a las salas si se le facilitan las condiciones. Desde el punto de vista de ingresos, ha sido una herramienta muy importante para muchas películas que, de otro modo, habrían tenido recorridos mucho más cortos. Además, es un público fiel, que vuelve semana tras semana y que tiene un hábito cultural muy sólido.

Lara Pérez Camiña. Y además ha generado un clima muy positivo en las salas. Se ha recuperado una sensación de comunidad, de ritual cultural. Eso es algo que el cine necesita recuperar urgentemente.

¿Ha cambiado mucho la manera de comunicar y promocionar las películas?

Lara Pérez Camiña. Radicalmente. Las campañas tradicionales ya no funcionan solas. Hoy es imprescindible construir un relato alrededor de cada película, generar cercanía y explicar por qué merece ser vista en una sala.

Alex Lafuente. Y aquí el periodismo cultural sigue siendo fundamental. La reducción de espacios dedicados al cine ha tenido un impacto claro. Hay películas que necesitan contexto y análisis para llegar al público adecuado.

Mirando hacia el futuro, ¿cómo imagináis BTeam dentro de cinco o diez años?

Ania Jones. Nos imaginamos como una empresa que sigue siendo fiel a su tamaño y a su línea editorial. No aspiramos a crecer de forma descontrolada. Aspiramos a ser sostenibles, a poder asumir riesgos de forma responsable y a seguir acompañando proyectos en los que creemos.

Alex Lafuente. El reto es mantener el lugar en el que estamos. Llegar hasta aquí ha sido difícil, pero mantenerse lo es aún más. El sector va a seguir cambiando y tendremos que seguir adaptándonos, como hemos hecho siempre.

Lara Pérez Camiña. Y seguir defendiendo una idea muy clara: que el cine no es solo entretenimiento, es también cultura, industria y pensamiento. Mientras sigamos creyendo en eso, BTeam tendrá sentido.

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