El mito de David contra Goliat sigue resonando en la cultura contemporánea. En la leyenda bíblica, el joven pastor hebreo vence al gigante filisteo. En la práctica, el cine europeo, pese a registrar cada año éxitos destacados, compite en clara desventaja frente a la maquinaria de Hollywood, con presupuestos muy superiores y campañas capaces de convertir cada estreno en un evento global en un mercado cada vez más polarizado.
La paradoja del cine europeo en los últimos años —como apuntan informes del Observatorio Europeo Audiovisual y UNIC— es que ha reforzado su posición en los mercados nacionales, pero encuentra mayores dificultades para viajar entre territorios. Para afrontar este reto, Europa Cinemas —con sede en París— articula una red de cerca de 1.280 cines y unas 3.200 pantallas en 800 ciudades de 39 países. Con un presupuesto anual cercano a los 17 millones de euros, financiado por Creative Europe MEDIA, el Centre National du Cinéma (CNC) francés y Eurimages, la red apoya con hasta 73.000 euros anuales a las salas que se comprometen a programar un mínimo aproximado del 25% de cine europeo no nacional.
En España, el programa respalda actualmente a 59 cines —alrededor de 280 pantallas—, una cifra inferior a la de años anteriores. En este contexto, la próxima cita en Barcelona reunirá al circuito arthouse europeo con un objetivo central: compartir estrategias para atraer a un público joven clave para el futuro del sector.
Fatima Djoumer asumió la dirección de Europa Cinemas en 2023, tras más de tres décadas de trayectoria en la organización, donde previamente ejerció como COO. Desde esta posición, ofrece una visión estructural del momento que atraviesa el cine europeo: la necesidad de reforzar la circulación internacional, el impacto de la sobreproducción, la ausencia de un star system consolidado y el papel creciente de los exhibidores como prescriptores en la relación con el público.
¿Cómo definiría hoy Europa Cinemas y cuál es su papel concreto dentro del ecosistema de exhibición europeo?
Europa Cinemas, creado en 1992, es hoy la principal red transnacional de exhibición en Europa dedicada a la circulación del cine europeo. Pero su papel va más allá de una simple herramienta de apoyo: se sitúa en la intersección entre política cultural, red profesional y sistema operativo para las salas. En la actualidad, la red agrupa 1.279 cines y más de 3.200 pantallas en 800 ciudades de 39 países. No se limita a la Unión Europea, sino que incluye territorios asociados al programa MEDIA, lo que amplía su alcance a una Europa cultural más extensa, desde los Balcanes hasta países como Noruega.
Su misión central es clara: apoyar a las salas que apuestan por el cine europeo no nacional, es decir, aquellas que contribuyen a que las películas viajen más allá de sus fronteras de origen. Pero ese objetivo se articula en varias capas. Por un lado, el apoyo directo a la programación; por otro, el desarrollo de audiencias —especialmente jóvenes—; y, en paralelo, la generación de conocimiento a través de laboratorios, formación e intercambio de buenas prácticas.
El impacto de la red es significativo. En algunos casos, entre el 70% y el 90% de las entradas de determinadas películas europeas se concentran en sus salas. De media, seis de cada diez sesiones están dedicadas a cine europeo, y el conjunto de la red representa alrededor del 40% de la asistencia al cine europeo no nacional en el continente. Esto la convierte, de facto, en un actor estructural para la circulación del cine europeo.
Lleva más de tres décadas vinculada a Europa Cinemas y ha ocupado distintos cargos antes de ser CEO. ¿Qué nueva visión quiere aportar en esta etapa?
Más que una ruptura, el planteamiento es claramente continuista, aunque con una voluntad explícita de actualización. La red ha demostrado su eficacia a lo largo de tres décadas, pero necesita adaptarse a un entorno en transformación acelerada. Desde mi llegada a la dirección en 2023, he situado el foco en cuatro ejes: innovación, colaboración, formación y renovación de audiencias. No se trata solo de conceptos, sino de líneas de trabajo concretas.
Programas como Collaborate to Innovate buscan que los exhibidores desarrollen conjuntamente herramientas y modelos aplicables a su actividad diaria, mientras que los training bootcamps responden a una necesidad cada vez más evidente: la profesionalización y actualización constante de competencias.
En paralelo, emerge una prioridad transversal: el público. La percepción de que la Generación Z está regresando a las salas —también al circuito arthouse— abre una ventana de oportunidad, pero exige respuestas adaptadas a sus hábitos. La síntesis de esta nueva etapa podría formularse así: preservar la misión cultural que ha definido a Europa Cinemas desde su origen, pero actualizar su modelo operativo —económico, comunitario y estratégico— para hacerlo relevante en el contexto actual.

Los datos muestran que el cine nacional funciona bien en su propio mercado, pero sigue teniendo dificultades para viajar. ¿Dónde está hoy el principal cuello de botella?
El diagnóstico apunta con claridad hacia la distribución y el posicionamiento. El problema no es tanto la producción —que en algunos territorios incluso ha ganado fuerza— como la capacidad de esas películas para salir de su mercado de origen. En países como Rumanía o Bulgaria, por ejemplo, el cine nacional ha mejorado notablemente su rendimiento en la última década. Sin embargo, ese éxito no se traduce en circulación internacional. La barrera aparece en la siguiente fase de la cadena.
Cada vez resulta más difícil cerrar acuerdos de distribución, especialmente en el caso de películas de perfil más arriesgado o de directores emergentes. Los distribuidores son más selectivos y reacios a asumir riesgos, lo que tiene un efecto directo sobre la exhibición: las salas solo pueden programar aquello que ha sido previamente adquirido.
A pesar de ello, dentro de la red se mantiene una apuesta clara por la diversidad. Los exhibidores asumen riesgos y programan una media de 15 nacionalidades europeas distintas por sala. Sin embargo, persisten limitaciones estructurales: la ausencia de estrellas reconocibles a escala internacional o la dificultad de posicionar estos títulos en mercados ajenos.
En los años 60 Europa contaba con un star system fuerte. ¿Qué ha cambiado?
El cambio tiene mucho que ver con la pérdida de visibilidad en televisión. Durante décadas, el cine europeo formaba parte del consumo habitual en prime time, lo que contribuía a generar reconocimiento popular de actores y actrices. Hoy ese espacio se ha reducido de forma significativa. Las televisiones, tanto públicas como privadas, compran cada vez menos películas que no estén impulsadas por nombres conocidos, lo que limita la capacidad de crear nuevas estrellas. En este contexto, la proyección internacional queda en gran medida reservada a intérpretes que han desarrollado parte de su carrera en Estados Unidos. Es ahí donde el sistema europeo muestra una de sus debilidades estructurales.

El cine europeo sigue teniendo dificultades para generar grandes éxitos transnacionales. ¿Es una cuestión de escala?
La escala es, probablemente, el factor clave. Más allá del talento o la calidad de las historias, el cine europeo carece del músculo industrial que permite a Hollywood lanzar sus películas como eventos globales. Mientras que la industria estadounidense coordina estrenos simultáneos en múltiples territorios, con campañas de gran alcance, el mercado europeo sigue fragmentado. Cada país trabaja con sus propios distribuidores, calendarios y estrategias de marketing.
Esta fragmentación limita la capacidad de amplificación. Aunque existen mecanismos de apoyo a la coordinación, sigue siendo difícil generar ese efecto de evento paneuropeo que multiplica la visibilidad. Al mismo tiempo, esa diversidad forma parte de la identidad del cine europeo. Es una fortaleza cultural, pero también un reto desde el punto de vista industrial.
Europa tiene un enorme patrimonio cultural, pero eso no siempre se traduce en películas con alcance internacional. ¿Se están desaprovechando esas posibilidades?
La respuesta no apunta a una carencia de historias, sino a una cuestión de enfoque. Europa no tiene un problema de contenido: dispone de una riqueza cultural y una diversidad narrativa difícilmente comparable. El reto está en cómo esas historias se desarrollan y llegan al mercado. En muchos casos, durante el proceso creativo no se integra suficientemente la reflexión sobre el público, el posicionamiento o incluso la estrategia de lanzamiento. Es ahí donde se produce una desconexión potencial entre el valor cultural de la obra y su capacidad de circulación.
Algunas películas logran superar esa barrera, especialmente cuando cuentan con mayores presupuestos o estructuras más sólidas. Pero en el segmento medio y bajo, ese salto sigue siendo limitado, aunque de forma ocasional surjan casos que rompen la tendencia. Más que un déficit de talento, el problema parece residir en la articulación entre creación y mercado: cómo se acompaña una historia desde su desarrollo hasta su encuentro con el público.
Algunos nombres como Pedro Almodóvar, Joachim Trier, Paolo Sorrentino o François Ozon estrenan en toda Europa sin problemas pero son pocos, ¿necesita Europa posicionar mejor a una nueva generación de cineastas?
El éxito de estos autores no responde a una estrategia artificial de posicionamiento, sino a la capacidad de sus películas para conectar con el público. En todos los casos, se trata de cineastas con una voz reconocible, cuyas historias, profundamente personales, logran una resonancia más amplia.
La cuestión, por tanto, no es tanto crear nuevas figuras como acompañar su desarrollo. Y ahí el papel de las salas resulta decisivo. Son los exhibidores quienes permiten que el público descubra a estos cineastas desde sus primeras obras, generando una relación progresiva que puede consolidarse con el tiempo.
Muchos de los nombres que hoy compiten en las secciones oficiales de Cannes, Venecia o Berlín iniciaron su recorrido en espacios más pequeños, apoyados por una red de exhibición y distribución que creyó en ellos desde el principio. El prestigio del cine europeo, en este sentido, no se construye de forma inmediata, sino como un proceso sostenido: visibilidad, continuidad y confianza en el talento emergente.
¿Cree que distribuidores y exhibidores deberían apostar más por el nuevo talento?
La percepción de falta de apoyo se matiza con un dato clave: Europa produce hoy más de 2.100 películas al año, frente a las aproximadamente 700 de los años 90. El problema no es tanto la ausencia de oportunidades como la saturación del mercado. Distribuidores y exhibidores se enfrentan a un volumen de producción que excede su capacidad de absorción, especialmente en el segmento de películas medianas y pequeñas. Esta sobreoferta genera una competencia intensa por la visibilidad.
Sin embargo, el ecosistema europeo sigue funcionando como un espacio de experimentación y descubrimiento. Casos como el de Carla Simón ilustran cómo es posible construir una carrera: un primer lanzamiento limitado puede derivar, si hay conexión con el público, en una trayectoria de creciente reconocimiento.
El límite lo marca el propio mercado. Solo una parte de los títulos logra circular ampliamente, mientras que los hábitos de consumo —con el crecimiento del streaming— añaden un factor adicional de competencia. Aun así, la sala mantiene un papel central: es el lugar donde se construye el valor cultural y económico de una película.
Tras la pandemia, el mercado se ha vuelto más volátil. ¿Se han vuelto los exhibidores más conservadores?
Lejos de una retracción, el diagnóstico apunta a una adaptación. Los exhibidores europeos no han reducido su apuesta por la diversidad ni se han refugiado exclusivamente en títulos seguros. Tras el impacto de la pandemia, 2023 marcó una fase de recuperación, y el sector parece haber alcanzado una nueva normalidad, todavía por debajo de los niveles previos.
En este contexto, el circuito arthouse ha mostrado una mayor resiliencia que el mainstream, en parte por su menor dependencia de los grandes títulos estadounidenses. Los exhibidores han desarrollado estrategias más flexibles, ajustando sus programaciones y explorando formatos basados en eventos o sesiones específicas. Esta capacidad de adaptación se ha convertido en una herramienta clave para responder a los cambios en el comportamiento del público.
¿Existe una brecha en el lenguaje narrativo entre el cine europeo y el modelo global?
La diferencia existe, pero se interpreta como una fortaleza. Frente a un modelo más estandarizado, el cine europeo se caracteriza por su enfoque autoral y su tendencia a explorar historias más íntimas. Directores de distintos países abordan temas universales desde perspectivas culturales específicas, lo que aporta una identidad reconocible a sus obras.
Esa autenticidad se presenta como uno de los principales activos del cine europeo. Este enfoque se refleja también en la estructura del sector: en Europa, el director ocupa una posición central como autor de la obra, mientras que en Estados Unidos el protagonismo recae en mayor medida en el productor. Son dos modelos distintos de entender la creación cinematográfica.
¿Cómo se financia Europa Cinemas?
La red opera con un presupuesto anual cercano a los 17 millones de euros. La principal fuente de financiación es el programa Creative Europe de la Comisión Europea, complementado por aportaciones del Centre National du Cinéma (CNC) francés y otros apoyos vinculados al entorno de Eurimages.
¿Qué hace atractivo las ayudas que prestáis para las salas?
El atractivo de Europa Cinemas reside en una combinación de factores: apoyo económico a la programación, desarrollo de audiencias, formación, innovación y, sobre todo, pertenencia a una red profesional. El sistema es flexible y se adapta a las características de cada mercado, diferenciando entre países según su tamaño y capacidad de producción.
Esta capacidad de ajuste permite mantener un equilibrio entre objetivos culturales y viabilidad económica. Más allá de los incentivos financieros, el valor de la red se manifiesta en el intercambio de conocimiento y experiencias. Como dicen muchos exhibidores que trabajan con nosotros: “te apuntas por el dinero pero sigues por el networking”.
En España, la red tiene una presencia más limitada. ¿A qué se debe?
España sigue siendo uno de los principales mercados europeos, pero la red ha reducido su presencia en las últimas décadas, en parte por el cierre de salas y la transformación del circuito especializado.
El modelo de Europa Cinemas se basa en la adhesión voluntaria, lo que implica que no puede forzar la incorporación de exhibidores. Además, el peso creciente del cine nacional en la programación limita el espacio disponible para otros títulos europeos.
¿Las audiencias jóvenes son el gran reto?
Más allá de la estructura del mercado, el principal desafío identificado en España es el desarrollo de audiencias jóvenes. En comparación con otros países europeos, las iniciativas dirigidas a este público son menos numerosas.
Mientras programas como los descuentos para público sénior han demostrado su eficacia, no existe una estrategia equivalente centrada en jóvenes. Esto se traduce en una menor capacidad de renovación de audiencias.
Las claves están claras: accesibilidad económica, programación específica y generación de comunidad. Modelos de suscripción, eventos y experiencias colectivas pueden desempeñar un papel decisivo. El contexto, además, ofrece señales positivas: la Generación Z está regresando a las salas, pero exige propuestas adaptadas a sus hábitos.

¿Cómo se articula la colaboración entre exhibidores europeos?
El networking es uno de los pilares del modelo. Se concreta en laboratorios, seminarios y encuentros internacionales que reúnen a profesionales de distintos países para intercambiar experiencias.
Programas como Collaborate to Innovate fomentan la creación de proyectos conjuntos, mientras que la presencia en festivales internacionales refuerza las conexiones dentro del sector. Este ecosistema de colaboración permite compartir prácticas, generar iniciativas y fortalecer el papel de las salas en el conjunto del mercado europeo.
¿Cómo se promociona el cine europeo frente a Hollywood?
En ausencia de grandes presupuestos publicitarios, el cine europeo se apoya en un conjunto de herramientas complementarias: festivales, alianzas con medios, campañas digitales segmentadas y eventos.
Sin embargo, el elemento diferencial es la curaduría. Las salas no solo programan, sino que contextualizan las películas, construyen relato y generan confianza con el público. Esa relación convierte a los exhibidores en prescriptores fundamentales.
¿La diferencia con Hollywood es también estratégica?
Más allá de la inversión, la diferencia radica en la coordinación y la capacidad de convertir los estrenos en eventos. Hollywood opera con estructuras globales que permiten lanzamientos sincronizados y campañas amplificadas.
Europa, en cambio, trabaja en un entorno fragmentado, con múltiples actores y estrategias nacionales. Esto limita la escala, pero no invalida el modelo. El reto está en mejorar la coordinación sin perder la diversidad que define al cine europeo.
¿Debe Europa acercarse al modelo de Hollywood?
La respuesta es clara: no. Replicar fórmulas ajenas no es la solución. El cine europeo encuentra su fuerza en historias locales, auténticas, que conectan con el público desde lo cercano. Ejemplos recientes demuestran que, partiendo de contextos específicos, es posible alcanzar una resonancia universal.
¿Qué esperar de la próxima Network Conference en Barcelona?
La cita reunirá a unos 500 profesionales y se centrará en la renovación de audiencias, con especial atención al público joven. También abordará cuestiones como la innovación, la adaptación digital —incluida la inteligencia artificial— y nuevos modelos de colaboración para la circulación del cine europeo.
El objetivo es doble: compartir prácticas efectivas y definir respuestas comunes a un mercado en transformación.






