El cine español “progresa adecuadamente”, dando claras muestras de vitalidad, cercanía con el público y un renovado prestigio muy positivo. Sin embargo, necesita que más películas tengan éxito y que las que lo consiguen recauden más, para robustecer un mercado que sigue dependiendo de manera excesiva de Hollywood. Las buenas noticias son importantes. Para empezar, la recaudación y la asistencia a salas de las películas españolas ha caído significativamente menos que el conjunto del mercado. Comparado con la media 2017–2019, el cine español (tabla 2) retrocedió en 2025 un 19% en recaudación y un 25,5% en espectadores, frente al –24,5% y –35,3% del total según datos de Comscore.

Esto parece indicar que el público que ha dejado de ir al cine es mayoritariamente el más ocasional, tradicionalmente vinculado al gran estreno internacional. Por tanto, dentro de un mercado claramente contraído, el cine español resiste mejor y no solo mantiene, si o que mejora su cuota histórica, acercándose al 20%, con ese 25% en la mirilla que debería ser el gran objetivo. De este modo, pasa del 16,3% de la media prepandemia (2017–2019) al 17,6% en el periodo 2023–2025.
La otra gran noticia de 2025 pasará a la historia —y no es una exageración— por los muy buenos datos obtenidos por películas dramáticas de calidad que han alcanzado cifras (tabla 1) muy superiores a las habituales en el circuito indie, especialmente Los domingos (BTeam, 4 millones de euros en 2025, 4,3 acumulados), Sirat (BTeam, 2,9 millones) y Romería (1,8 millones), tres películas de autor en el top 10. El cine español actual, es indiscutible, es menos homogéneo, menos predecible, más diverso y puede competir a nivel internacional sin complejos. Como explican ufanos los gerentes de los prósperos cines arthouse, vive un momento dulce de identificación con un público digamos, exigente. Además, según Comscore, vemos un top 10 menos dependiente de la comedia. Si en 2018 y en 2019 hubo hasta ocho comedias en las más taquilleras, este 2025 han sido “solo” seis. Porque la comedia familiar y la comedia “a secas” también han dado sorpresas tan refrescantes como La cena (A Contracorriente, 3,7 millones), El casoplón (Disney, 3 millones) o Un funeral de locos (Sony, 3 millones), sin olvidar el feel good Wolfgang (Universal, 4 millones).

Y 2025 también ha sido el año en el que Alejandro Amenábar, por su parte, ha demostrado que existe un público numeroso para el blockbuster español con los 5,3 millones de El cautivo (Disney), una película que asumía riesgos temáticos. Y para culminar una sensación generalizada positiva, el arranque de 2026 (tabla 3) ha sido fulgurante, con los éxitos de Aída y vuelta (Sony, 3 millones en dos semanas), Abuela tremenda (Disney, 2,8 millones), Rondallas (Beta Fiction, 1,9 millones) e Ídolos (1,7 millones) hasta el 9 de febrero. A ello se suma las dos nominaciones al Oscar de Sirat y su impacto internacional, que han infundido un moderado optimismo a la cinematografía española. Teniendo en cuenta que históricamente enero es malo para el cine español (en 2025 se recaudaron 2,9 millones de euros), los 10 millones de este arranque de año suenan a gloria. Porque como queda claro una y otra vez, cuando hay películas nacionales que interesan, el público responde sin importar el mes en que se estrenan.

Tabla 3
UNA TAQUILLA CADA VEZ MÁS POLARIZADA
Sin embargo, los problemas estructurales persisten. Los estrenos nacionales no son inmunes a la polarización de la taquilla. En 2025, el Top 50 del cine patrio concentra el 89,8% de la recaudación anual y el Top 10 alcanza el 55,7%. Además, un solo título, Padre no hay más que uno 5 (13,4 millones), inasequible al desaliento, aporta el 16,8% del total.
Más preocupante aún es que solo 16 películas superen el millón de euros de recaudación, cuando en la media prepandemia 2017–2019 eran veinte. Esta dependencia excesiva del título estrella queda clara (tabla 4) al observar las dramáticas variaciones interanuales que puede sufrir la taquilla del cine español. Así, se producen fenómenos como que en junio de 2024 la recaudación se quedara en unos exiguos 837.000 euros y que en 2025 aumentara un supersónico 597% gracias al estreno de Padre no hay más que uno 5. O que, de enero de 2024 al mismo mes de 2025, la caída fuera de un estrepitoso 64,3% (de 8 millones a 2,9), ante la ausencia de títulos para las masas como Ocho apellidos marroquíes, Valle de sombras o El correo.

ESTACIONALIDAD: UN MERCADO CADA VEZ MÁS DESEQUILIBRADO
La comparación de los datos mensuales de 2025 con la media prepandemia (tabla 5) apunta a que el cine nacional ha mejorado solo ligeramente su tradicional tendencia a la estacionalidad —históricamente concentrada en el otoño—, pero a costa de inviernos mucho más duros. Según datos de Comscore, las caídas superiores al 60% en diciembre y enero sugieren que el invierno ha dejado de ser una temporada natural para el cine de calidad español, un fenómeno que como acabamos de indicar este 2026 ha sufrido una espectacular transformación.

Las primaveras siguen siendo melancólicas, con descensos superiores al 20% en abril y mayo, mientras que los veranos resultan mucho más suculentos en términos de recaudación: junio y julio mejoran un 74% y un 127% respectivamente, Santiago Segura mediante. Sin embargo, esta aparente fortaleza estival responde más a una extrema concentración del negocio en uno o dos títulos-evento que a un fortalecimiento general del mercado, lo que convierte estas ventanas en apuestas de alto riesgo. El otoño, tradicionalmente impulsado por el efecto San Sebastián, sigue siendo el periodo más sólido del calendario, aunque también muestra signos de erosión: caídas del 19% en septiembre y del 28,7% en octubre. Se aprecia así otro fenómeno cada vez más claro: el mercado resiste mejor en euros que en espectadores, lo que indica una pérdida de base social y una mayor dependencia de entradas más caras y estrenos-evento.

DESAPARICIÓN DEL BLOCKBUSTER ESPAÑOL
Comedias —sobre todo—, thrillers y películas de terror que antes del COVID no eran minas de oro pero sí rentables y previsibles, hoy fallan con frecuencia, registrando taquillas claramente inferiores a lo esperable antes de la pandemia. Ejemplos como los 790.000 euros de Cuerpos locos o los 628.000 de Sin instrucciones, lanzadas a bombo y platillo, ilustran bien este fenómeno. Más allá de la comedia, y en menor medida el drama y el suspense ocasional, el cine español apenas logra triunfar con otros géneros.
De manera sorprendente, y al contrario de lo que venía sucediendo desde hace al menos una década, al observar el Top 30 histórico de películas españolas más exitosas desde 1995 (tabla 8), solo cuatro de las diez más taquilleras son comedias, frente a las seis de 2024 y 2025. Esto se explica en parte por la práctica desaparición de películas de alto presupuesto, agravada por el hecho de que la actual Ley General de Comunicación Audiovisual no permite a las televisiones computar dentro del 5% obligatorio películas en inglés, que suman hasta cuatro títulos del Top 10 histórico. Así, han desaparecido producciones como Los otros (2001, 6,4 millones de espectadores) o Lo imposible (2012, 6,2 millones).

UNA POLÍTICA DE RIESGO
Los exhibidores se quejan de la sobrecarga de estrenos y los datos son, en efecto, elocuentes. La desaparición del blockbuster español también se explica por una política cinematográfica impulsada desde el ICAA que favorece la producción de un gran número de películas de bajo presupuesto. Así, en 2018 hubo “solo” 58 películas estrenadas en más de 50 cines y 190 en menos (tabla 7). En 2025, las cifras se han disparado: 100 títulos en más de 50 cines y hasta 361 en menos. Es evidente que ningún mercado puede sostener el estreno de más de 400 películas al año. No cabe duda de que esta política ha permitido que más aspirantes a cineastas debuten tras la cámara, impulsando una nueva ola de directores indies como Carla Simón, Oliver Laxe, Alauda Ruiz de Azúa o Pilar Palomero, que contectan con un público amplio.

Sin embargo, la otra cara de la moneda es que, al dividir las ayudas entre “generales” —con un máximo de 1 millón de euros para películas de perfil más comercial (1,2 para animación)— y “selectivas” —con un máximo de 800.000 euros para proyectos de mayor riesgo artístico (1 millón para animación)—, el sistema está fomentando un doble carril. Por un lado, una enorme cantidad de títulos (las selectivas premiaron el año pasado a más de cien proyectos); por otro, un cine comercial que muy difícilmente puede aspirar a costar más de tres millones de euros. El resultado es un mercado más dinámico y diverso en términos creativos, pero más frágil desde el punto de vista industrial: polarizado, con ventanas estacionales cada vez más estrechas y con una dificultad clara para construir títulos españoles de verdadero alcance masivo.


Este artículo ha sido publicado en el número de Box Office de marzo 2026, que puedes descargar gratis o suscribirte para recibirlo.
© REPRODUCCIÓN CONFIDENCIAL
'Aída y vuelta' (Sony) sorpresa del 2026 con 3 millones en dos semanas. © Mediaset España




