Ayudas en Europa a los cines: España se queda a la cola

Entre 2020 y 2023, el ICAA dio subvenciones directas a las salas de exhibición por valor de 48,1 millones de euros. Un impulso histórico surgido por la pandemia que no ha tenido continuidad. Sin desdeñar el rol del programa Cine Senior, que va por su tercera edición con un gasto total de 30 millones, la paralización de esas ayudas sitúa a España muy por detrás de los 100 millones anuales de Francia, los 50 de Italia o los 145 que acaba de movilizar Francia.

Por Lino Pulido

La exhibición española tuvo un año durísimo en 2020, con una taquilla total de 170 millones de euros, una caída del 72 % respecto a 2019, dejando 446 millones por el camino. Un golpe que se vio atenuado —no mucho— porque por primera vez el ICAA dio ayudas directas a las salas, con un presupuesto de 13,2 millones. Esas subvenciones iban de los 8.000 euros para cines con una sola pantalla a los 32.000 para complejos de más de ocho. Una gota en el océano, pero también una señal positiva por parte de las administraciones públicas ante las dificilísimas circunstancias que atravesaba el sector. Desde entonces, solo ha habido tres convocatorias más: en 2021 fueron 10,2 millones, en 2022 la misma cantidad, y en 2023 se llegó a los 14,5 millones. Aunque vitales, las ayudas no solo están muy lejos de cubrir las pérdidas en recaudación pospandemia, tampoco se acercan a los 150 millones que las empresas de exhibición destinaron en ese período a la modernización de salas, según FECE. Un enorme esfuerzo inversor en una situación paradójica: baja la recaudación, pero el espectador es cada vez más exigente y es más necesario que nunca gastar.

A esos 48,1 millones de euros que el ICAA destinó entre 2020 y 2023 a ayudas directas para exhibición hay que sumar el esfuerzo realizado por varias comunidades autónomas, que han canalizado alrededor de 9 a 10 millones de euros adicionales en programas de modernización, digitalización y sostenibilidad, muchos de ellos financiados total o parcialmente con fondos europeos Next Generation EU. Cataluña, Euskadi, Galicia, Aragón, la Comunitat Valenciana o Navarra han impulsado convocatorias específicas para renovar proyectores, sistemas de sonido, equipamientos energéticamente eficientes o herramientas digitales de gestión, permitiendo que decenas de salas —especialmente en municipios medianos y zonas rurales— acometieran inversiones que habrían sido inasumibles sin este apoyo. El mapa autonómico, sin embargo, es desigual y no compensa la desaparición en 2024 y 2025 de las ayudas estatales directas, fundamentales para el mantenimiento del tejido exhibidor.

Ese mismo 2023, el Gobierno lanzó a bombo y platillo el programa Cine Sénior, que subvencionaba las entradas de cine de los mayores de 65 años para que pagaran solo dos euros. Un programa que ya va por su tercera edición, con un gasto de 10 millones en su primera edición, 12 en la segunda y 8,5 en la tercera, actualmente en curso. El programa ha sido todo un éxito, contribuyendo de manera decisiva a la recuperación de un público maduro al que le estaba costando más volver a la sala. A falta de resultados de la edición que arrancó el pasado verano, según datos de la Federación de Cines de España (FECE), la segunda —celebrada entre mayo y diciembre de 2024— registró 1.689.115 espectadores sénior, un aumento del 83 % respecto a 2023, consolidando su implantación.

Francia, Italia y Alemania

Las cifras españolas de ayuda a la exhibición están muy lejos de las de Francia. Según un informe de la Cour des comptes, Francia desplegó durante la pandemia un esfuerzo sin precedentes para sostener a sus salas de cine: entre 2020 y 2021 los exhibidores recibieron más de 180 millones de euros en fondos de compensación, ayudas directas, subvenciones de emergencia y avances destinados a modernización y tesorería. Solo el paquete de mayo de 2021 movilizó 59,3 millones, mientras que el primer fondo de compensación para pérdidas de ingresos alcanzó los 60 millones. En total, el 46 % de todo el apoyo público extraordinario al cine francés durante la COVID se destinó a mantener vivo el tejido exhibidor.

Pero el apoyo francés a las salas no acabó con la pandemia. En el país vecino, el Centre National du Cinéma (CNC) destinó en 2024 más de 100 millones de euros en ayudas directas a la explotación cinematográfica, apoyadas en la TSA (Taxe Spéciale Additionnelle), un recargo incluido en cada entrada cuya recaudación se reinvierte íntegramente en el sector. El European Audiovisual Observatory destaca que Francia es el modelo más avanzado de intervención pública en la exhibición, combinando financiación estable con herramientas regulatorias como los compromisos de programación, la supervisión de los abonos ilimitados y la figura del Médiateur du cinéma, que garantiza el acceso equitativo a las películas y la diversidad de la oferta.

El sistema francés demuestra además una capacidad de reacción inmediata: ante la caída continuada de asistencia en 2025, el CNC activó un mecanismo de avances financieros excepcionales para dotar de liquidez urgente a las salas más frágiles. Estas ayudas, disponibles hasta finales de 2025, permiten a los cines de pequeño y mediano tamaño solicitar un anticipo reembolsable calculado sobre un compte automatique, con un límite de hasta tres veces lo generado el año previo. Es un ejemplo claro de cómo el modelo francés interviene rápido para evitar cierres y sostener la red de exhibición.

En Italia, un Decreto Ministerial del 6 de marzo de 2025 asignó 52,5 millones de euros directamente a la exhibición cinematográfica, repartidos entre el tax credit para salas (25 millones), el fondo para modernización y ampliación del circuito (20 millones), el apoyo a la programación de cine arthouse (7 millones) y las ayudas a las salas de la comunidad (0,5 millones). Se trata de un esquema estable y legislado en la Legge Cinema, que combina incentivos fiscales, subvenciones para renovación de pantallas y apoyo a la oferta cultural, convirtiéndolo en uno de los marcos más estructurados de Europa.

Según el informe del European Audiovisual Observatory, Italia es uno de los países europeos con un sistema más estructurado de apoyo a la exhibición. Con un mercado formado en un 46 % por salas independientes de una sola pantalla, el modelo italiano combina ayudas automáticas, subvenciones selectivas, incentivos fiscales y fondos específicos para modernización y reapertura de salas, lo que lo sitúa entre los marcos más completos de Europa. El Observatorio destaca el peso cultural de estas políticas, destinadas a reforzar el tejido de cines independientes y la programación arthouse, así como la importancia de los programas de renovación tecnológica y accesibilidad. Italia aparece además entre los países que han desarrollado medidas innovadoras —días nacionales del cine, descuentos y estrategias activas de captación de nuevos públicos— para sostener y diversificar la asistencia cinematográfica.

En Alemania, las salas de cine se sostienen a través de un sistema mixto de ayudas federales, regionales y del fondo FFA. El programa federal Zukunftsprogramm Kino ha destinado entre 60 y 70 millones de euros desde 2020 a la modernización técnica y energética de cines pequeños y medianos, mientras que la FFA aporta cada año entre 10 y 15 millones en subvenciones directas para renovación y programación cultural. A ello se suman los fondos regionales de los Länder, que movilizan en conjunto más de 25 millones anuales. Tras la pandemia, Alemania también desplegó un paquete excepcional (Neustart Kultur) de 145 millones de euros, y hoy vuelve a debatirse la necesidad de nuevas medidas ante la caída de asistencia en 2024–2025.

En un momento en que la recuperación del cine en salas sigue siendo frágil, con hábitos aún alterados tras la pandemia y un espectador cada vez más exigente, la vuelta de unas ayudas estables y sostenidas resulta crucial para garantizar la supervivencia del tejido exhibidor en España. La modernización tecnológica, la renovación de espacios y la capacidad de atraer nuevos públicos requieren inversiones continuas que muchas salas —especialmente las independientes y las ubicadas fuera de las grandes ciudades— no pueden asumir solas. En un contexto europeo donde los principales países refuerzan sus mecanismos de apoyo, reactivar un marco sólido de ayudas públicas no es solo una cuestión de competitividad cultural, sino de futuro: de preservar la diversidad, la capilaridad territorial y la función social del cine como espacio de encuentro y experiencia colectiva.

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