Surgen señales dignas de mención de la más reciente fotografía sobre la demanda cultural en España, ofrecida por la Encuesta de Hábitos y Prácticas Culturales en España 2024-2025. En 2024, según datos difundidos por el Ministerio de Cultura, el gasto cultural de las familias alcanzó los 14,34 mil millones de euros, equivalente al 2,2% del gasto total de los hogares, mientras que el gasto medio anual fue de 739,7 euros por hogar y de 296,1 euros por persona. España confirma una fuerte vitalidad del consumo cultural, pero con una jerarquía muy clara. En el ámbito doméstico, siguen siendo centrales la escucha de música, practicada al menos una vez al año por el 80,9% de la población y de forma diaria por el 56,7%, y el consumo de contenidos audiovisuales, que implica al 81,1% de los españoles. La lectura de libros se mantiene en niveles elevados, con una tasa anual del 64,9%. Paralelamente, el sistema cultural español está ya profundamente hibridado con lo digital: el 74,1% de la población declara tener en casa al menos una suscripción a plataformas digitales, y el 64,5% dispone de plataformas para películas o series.
Fuera del hogar, sin embargo, es igualmente evidente que el público sigue premiando las experiencias que combinan contenido y presencia. En la Encuesta de Hábitos y Prácticas Culturales en España 2024-2025, el 52,1% de la población ha visitado monumentos o sitios arqueológicos en el último año, el 47,6% museos, exposiciones o galerías de arte, el 47,1% ha asistido a espectáculos en vivo de artes escénicas o musicales y el 48,5% ha ido al cine al menos una vez. Son porcentajes muy cercanos entre sí, pero cuentan algo preciso: el cine ya no compite solo con otros contenidos, compite con formas distintas de salida cultural y de sociabilidad organizada. Hay además un dato que merece especial atención. Los jóvenes siguen siendo el segmento con las tasas más altas de participación cultural, y el cine continúa siendo muy fuerte en las franjas más jóvenes: según el Ministerio de Cultura, la incidencia sube al 79,1% entre los 15 y los 19 años, frente a una media nacional del 48,5%. Esto significa que la experiencia en sala conserva un potencial distintivo, pero también que ya no puede darse por descontada. El público joven participa, sale, elige, compara, y escoge los lugares que ofrecen un excedente de significado, de atmósfera y de compartir.
En lo que respecta al cine, son cifras que deben invitar a una reflexión sobre cómo realinear el precio de la entrada con el valor percibido de la experiencia. Es necesario que el acto de ir al cine sea percibido como insustituible, no solo en el plano de la tecnología y del confort, sino sobre todo en el plano relacional. Los datos sobre ferias, exposiciones y participación en vivo sugieren que el público busca ocasiones de contacto, sociabilidad y experiencia compartida. En una época en la que las relaciones están cada vez más mediadas por lo digital y la experiencia individual tiende a prevalecer sobre la colectiva, se hace necesario construir en torno al cine ocasiones de encuentro, diálogo e intercambio, capaces de prolongar y amplificar el sentido de la visión en sala. Muchos exhibidores ya lo han comprendido y están trabajando en esta dirección con iniciativas originales, eventos paralelos y actividades creativas y de community building. Es necesario continuar por este camino, con el objetivo de dar vida a un movimiento cada vez más atractivo. Y quizá llegará un momento en el que el espectador elegirá ir al cine no solo por la película en cartel, sino atraído sobre todo por todo ese conjunto que crea relación, pertenencia y convivencia.
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