Marca la diferencia la identidad

A veces se tiende a correlacionar los altibajos de la taquilla casi exclusivamente con la fuerza de los títulos, según el teorema “películas fuertes, ingresos fuertes. Películas débiles, temporadas débiles”. Sin embargo, en un mercado que se ha vuelto estructuralmente irregular, donde se puede pasar de un mes increíble a otro por debajo de las expectativas, la variable decisiva ya no es solo qué se proyecta, sino dónde y cómo se proyecta. En este sentido, si la identidad de una película es esencial, lo es igualmente la identidad de un cine. Hoy más que nunca, la exhibición está llamada a mantener unidos programación, tecnología, políticas de precios, eventos, relación con el territorio, hasta la acogida del público.

En Barcelona, por ejemplo, Mooby Cinemas trabaja exactamente en esta dirección. No solo conservando huellas materiales de su propia historia, como los proyectores de 70 mm expuestos en los vestíbulos, sino construyendo una propuesta coherente: una gran sala única que reivindica el formato clásico, una sala enteramente dedicada a la versión original cuando aún no era una elección evidente, ciclos-evento que transforman el repertorio en ocasión social.

El mismo principio guía algunas de las realidades más vivaces a nivel internacional. El Prince Charles Cinema de Londres ha hecho de la programación cult, de los maratones y de los sing-along una seña identitaria clara, casi militante. El Alamo Drafthouse, en Estados Unidos, ha construido un modelo integrado en el que la calidad de la proyección convive con una oferta gastronómica concebida como parte de la experiencia y con normas de sala que definen una comunidad antes incluso que un público. El Grand Rex de París sigue apostando por la espectacularidad como elemento distintivo.

Ya no bastan el preestreno o un precio promocional atractivo. El público busca reconocimiento y una línea clara que lo lleve a afirmar, más o menos conscientemente, “voy allí porque me siento parte de algo más”. La Inteligencia Artificial puede ayudar a optimizar la programación y a leer mejor los datos, pero no construye una identidad. Por eso es necesario poner la creatividad al servicio de la experiencia, dando vida a propuestas alternativas que completen e integren la clásica experiencia cinematográfica. Tal vez la identidad no garantice siempre la recaudación del fin de semana, pero sin duda construirá continuidad en el tiempo.

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